Santidad Activada

sant

Hace más de 150 años un grupo de personas que habían sido seriamente menospreciados por suiglesia se organizaron como la Iglesia Metodista Libre

El rústico espíritu pionero de los primeros Metodistas norteamerica- nos se había transformado a una la vida confortable de la clase media; y nuestros fundadores rehusaron aceptar que la iglesia se transforma- ra hasta el grado de descuidar el dis- cipulado. Ellos se negaron a aceptar la mundanalidad de los ministros. Se negaron a aceptar la mundanalidad de los ministros que habían dejado de ser “la sal de la tierra.” Demandaban que la iglesia fuera más abierta que un club e insistieron: mucho más que un club. Como a ellos los habían hecho a un lado, ellos se hicieron a un lado.

Decidieron caminar juntos, decidi- eron someterse unos a otros y unir
fuerzas para llegar a su meta común. Encontraron un buen lugar para que- dar entre ser “Metodistas”, y ser “Li- bres”—una interesante yuxtaposición que equilibraba la intención Metodista de discipular a todo creyente con todo el coraje y expectativas que el- los podían, y estaban dispuestos a, y entregarían el evangelio integral a todo hombre y mujer, sin importar la época, la raza ni la clase social.

[quote float=”left”]Los Metodistas Libres siempre han creído en una santidad activada, no en una santidad escondida.[/quote]¿Cuál es nuestro desempeño aho- ra, 150 años después? Comencemos asumiendo que estamos tratando de crecer. Sin embargo, durante una gran parte de nuestra historia la meta no fue el crecimiento. La frase “Dios con nosotros” significaba que éramos un pueblo peculiar. De hecho, a menudo asumíamos que no habría muchos que se nos unieran en el camino angosto.

Pero en algún momento, el mov- imiento de iglecrecimiento de la igle- sia nos abrumó con técnicas y teorías que aplicaban al método científico un optimismo norteamericano. “Crecer” y “plantar” se convirtieron en parte de nuestro vocabulario, y en ocasiones vino a ser la meta—el título “Dios con nosotros”. Nuestra meta incluye SER la clase de pueblo de Dios, y hacer lo que HACE la clase de pueblo de Dios.

Estamos creciendo—comparados con nosotros mismos, comparados con la tendencia del crecimiento de los Estados Unidos, y comparados con otras denominaciones. La Iglesia
Metodista Libre en los Estados Uni- dos ha visto un crecimiento sostenido y consistente desde el año 2005 en adelante, con una ola de crecimiento excepcional de 2.2 por ciento en el 2010. En un domingo determinado, las Iglesias Metodistas Libres adoran en 27 idiomas distintos. También notamos que las mujeres compren- den el 12 por ciento de nuestros presbíteros y diáconos y más de la cuarta parte de los candidatos min- isteriales locales y conferenciales. Globalmente, la nuestra es una his- toria increíble. Hemos casi duplicado nuestra membresía internacional desde el año 2000. Pronto estare- mos celebrando la cifra de 1 millón de miembros, únicamente el 7 por ciento de los cuales se encuentra en los Estados Unidos.

Hay un motivo para celebrar, pero no celebramos porque hayamos hecho mejor que alguna otra iglesia, o porque hayamos cruzado una meta. Celebramos porque en cada vida representada, la integridad y la sanidad de Jesús han invadido a un nuevo discípulo.

Debemos confesar que la membresía, la asistencia y las finanzas no son actualmente las mejores cosas qué contar. Estamos interesados en hacer discípulos, pero es difícil medir esa clase de logro holístico. Realmente no sabemos lo que estamos logrando en cosas tales como matrimonios salvados, adicciones derrota-das, relaciones restauradas, justicias logradas, creación conservada y protegida, el reino levantado por medio de compañerismo ministerial. ¡Ánimo iglesia!, no podemos medir todo lo que nos gusta medir, pero las cosas medibles están mostrando fruto.

Pero no celebremos demasiado. ¿Cómo le reportamos a Cristo una “victoria” de 2.2 por ciento? No podemos. Estamos obligados a seguir dirigiendo a la iglesia hacia un quebrantamiento con el mensaje de la Resurrección.

HONDO Y ANCHO

Una gran clase de cristianos norteamericanos asumen básica- mente lo siguiente: El pastor es el que hace el trabajo de la iglesia y nosotros asistimos a las reuniones. Estas personas quieren un conform- ismo espiritual en sus vidas. Sienten hambre por la comunidad y aman a Jesús, pero ellos mismos se ven como receptores más que como actores.

En contra de esta barrera laicos- clérigos, la Iglesia Metodista Libre entona una canción diferente, aquel sencillo coro: “Hondo y Ancho”. Para alcanzar su potencial, los ministros Metodistas Libres deben ensanchar la base de los que están en el minis- terio (anchura), y profundizar a los que están en el ministerio (pro- fundidad).

Los laicos en la iglesia las comunidades donde la iglesia han sido reducidos a meros representantes en juntas y comisiones, sirvieron en juntas porque son líderes y plantadores de iglesias, y viven vidas ejemplares de santidad. No fue tanto un sistema de control, sino el reconocimiento de que el dinamismo del Metodismo siempre ha descansado en los laicos activos. ¡La Iglesia Meto- dista Libre reconoce el ministerio de los laicos!

UNO EN ESPÍRITU

En estos tiempos vemos a las de- nominaciones con una gran suspica- cia. Alimentada por una bien ganada desconfianza norteamericana del poder, muchos creen que solo las iglesias locales son buenas, y es en
juega un papel importante.

Pero el deseo de descartar las denominaciones es una manifestación de la misma urgencia que edificó la Torre de Babel. Es el deseo de hacerse uno mismo de un nombre. En una época cuando todos quieren ser el título y nadie quiere ser una nota al pie de la página. Es ir contra la cor- riente someterse a un más grande grupo de creyentes, a una denominación

Los Metodistas Libres creen que una de las evidencias claves de Dios con Nosotros es nuestra unidad, nuestra habilidad de sacrificarnos por otros y celebrar con otros, que en muchos casos son personas que ni siquiera conocemos.

La denominación puede elevar la trayectoria de una iglesia local y llevarnos a todos a una norma más alta. Es el laboratorio para demostrar que somos Uno en Espíritu, aunque somos muchos a través de la nación.

CRISTO AMA A LOS NIÑOS

Todos creen que Dios los ama, de la misma manera que nosotros creemos que Dios Nos ama a no- sotros. Pero nosotros los cristianos somos diferentes. Nosotros creemos y actuamos con el amor con el que Dios los ama por medio de no- sotros. Los Metodistas Libres siempre han creído en una santidad activada, no en una santidad escondida.

Esta es una buena oportunidad para recordarnos a nosotros mismos no sólo donde acabamos de estar, sino hacia donde se dirigían nuestros fun- dadores. ¡Sigan adelante!, nos dirían, “manteniendo la norma escritural del cris- tianismo y predicando el evangelio a los pobres.”

Cantamos: “Cristo ama a los Niñitos”—los niños que son pequeños, y los niñitos que ya se han hecho viejo y escuálidos; niños con turbantes en sus cabezas o con dibujos de arco- iris en sus camisetas; niños viajando en un Lexus con una calcomanía de Darwin.

Los Metodistas Libres vemos a todos como se ve un tierno niño—es- peranzado, con todo un mundo de oportunidad y salud frente a ellos. Cristo ama a todos los niñitos del mundo. Rojos y amarillos, negros y blancos, amanerados y no amanera- dos, musulmanes y judíos, documen- tados e indocumentados, amigables y peligrosos, perfumados y malolientes como un vómito… todos son precio- sos a Sus ojos.

Estas son las canciones de los redimidos.

¡Cantémoslas con alegría!

More from OBISPO DAVID ROLLER

Nuevo Diseño, Mismo Objetivo

The Earnest Christian (El Cristiano Ferviente) que surgió en 1860 declaró: “Nuestro...
Read More

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *