¿Es Guiar más, o Igual que Seguir?

Feature

Cuando yo era más joven, pasé mucho tiempo haciendo deporte. Mis actividades favoritas siempre incluían el deporte en equipo. Lo mejor de pertenecer a un equipo, en lo que a mí respecta, es que cada equipo requiere de un capitán. El capitán de un equipo tiene la tarea única de seleccionar a los jugadores y de llevar al grupo a la meta final (la victoria). Yo no era por mucho el mejor jugador, pero era conocido por pertenecer al equipo ganador. Quizá era otro el que corría más rápido, el que saltaba más alto, el mejor receptor o el de los tiros más certeros. Sin embargo, dentro de un equipo, me di cuenta de algo que me colocaba en una posición mejor que los demás—algo que hacía la diferencia entre un equipo que siempre perdía, y un equipo que nunca perdía. En los deportes, algunos jugadores son famosos por “hacer mejores a otros jugadores”.

El héroe de mi niñez, Michael Jordan, era un jugador asombroso, pero algunos comentaristas deportivos creían que él nunca ganaría un campeonato porque parecía no tener la habilidad de seguir a otro líder. En contraste, Magic Johnson era un líder fantástico que podía formar a seguidores fantásticos —algunos de ellos que eran jugadores ordinarios— y los hacía estrellas extraordinarias. Hace algunos años, en el campo de soccer de una escuela secundaria, jugué algunos juegos amistosos de futbol con amigos de mi comunidad. Yo era famoso entre los muchachos de mi barrio porque parecía que yo podía saber cuál equipo era ganador. Se volvió interesante ver mis jugadas, porque desarrollé una habilidad que algunos la atribuyeron a una especie de intuición. Para ser honestos, yo no tenía ninguna intuición. Conocía a mis amigos, conocía a los que vivían en mi comunidad. Yo sabía que Chuck podía recibir un pase de 10 yardas pero dejaría caer un balón que alguien le lanzara a una yarda de distancia.  Yo sabía que Darin podría recorrer la cancha a toda carrera, pero no podría lanzar un tiro, de modo que Andy tenía que estar cerca para hacer la asistencia.

Para el tiempo de su retiro, Michael Jordan había conducido a los Bulls (Toros) a su más grande éxito durante mis años formativos, en la década de los 90. Los Toros son famosos por tener una de las dinastías más grandes de la NBA, ganando seis campeonatos entre 1991 y 1998. Los equipos de los seis campeonatos fueron dirigidos por el coach Phil Jackson. ¿Qué hizo la diferencia entre la inicial falta de capacidad de Jordan de ganar un campeonato y el salón de la fama?

Todo se reajustó en 1991, casi al final del quinto juego de las finales de la NBA en el Forum de Inglewood, California. Los Toros estaban arriba y aferrándose a una débil ventaja en la serie. En un crucial tiempo fuera, Jackson llamó a Jordan a un lado y le dijo: “Michael, ¿Quién está disponible?”. Michael no respondió. Jackson volvió a preguntar: “Michael: ¿Quién está disponible?” Finalmente, Jordan respondió: “Pax”. John Paxson siempre estaba disponible cuando Jordan estaba en la cancha. Paxson era un tremendo tirador cuando no había nadie cerca, y Jordan podía encargarse manteniendo alejado al equipo contrario. Después de todo, todos seguían al líder, y Jordan era visiblemente el líder. Una y otra vez Jordan le pasó balones a Paxson, quien a su vez, hizo una serie de encestes llevando a los Bulls al primero de sus campeonatos de la NFL.

Trabajo de Equipo y Habilidad

Ya es suficiente de basketbol, es tiempo de que entendamos la importancia de formar equipos, no solo sobre la base de la habilidad, sino también sobre la base de hacer trabajo en equipo, y la habilidad de echar el extra cuando el grupo más lo necesita. Los buenos jugadores embonan; personalidades importan —no meramente las habilidades— el problema es que con frecuencia fallamos en ver lo consistentes que son las personas en los distintos “campos de juego”. Si alguno es perezoso en la casa, podemos asumir que también lo será en el trabajo. Si alguien se distrae fácilmente en la escuela, podemos asumir que también se distraerá en el trabajo. En muchos casos, este tipo de conductas situacionales cruzadas no se aplica. La mayoría de nosotros somos demasiado menos consistentes de lo que pensamos en diferentes situaciones.

Esto es lo que pasa cuando dependemos en nuestra confianza sobre cómo alguien puede haber actuado según la percepción que tenemos de sus patrones de conducta. Responder con estas falsas creencias de consistencia conductual y predictibilidad es una gran equivocación cuando tratamos de determinar y entender la capacidad de los seguidores que te rodean y su habilidad para dirigir. Aún recuerdo la mirada de asombro cuando la esposa de un compañero escuchó (a un nuevo compañero) decir que su esposo es muy organizado. Ella no podía imaginarse a su esposo demostrando habilidades organizativas, y así dirigir con excelencia.

Por razones fáciles de comprender, a menudo el desempeño de los grupos es muy pobre. En algunos casos, los grupos no solamente fallan en corregir los errores de sus miembros; lo que hacen es amplificar dichos errores. Aún recuerdo mi primer proyecto fallido de grupo en la universidad. Yo estaba en una clase de comunicación dirigida por un profesor adjunto que hacía las cosas de manera diferente. A su clase le daba solo una tarea: Utilizar una única avenida para entregar y comunicar el mensaje de buenas nuevas. Los grupos se desalentaban, pero no se prohibían. Los estudiantes no se calificaban por su asistencia, pero la asistencia era importante para registrarse con el profesor y desarrollar la tarea. La clase se reunía por tres horas los martes en la noche, y duraban 13 semanas.

El último día presentamos nuestro proyecto y recibimos una calificación. Se fijaron las medidas para poder intercambiar ideas, recibir retroalimentación, y nos aseguramos de no perder la marca que vendría al final del semestre. Escogí trabajar con un grupo de dos compañeros. Decidimos crear una serie de videos que contaban la historia de Jesús de acuerdo a los evangelios. El proyecto fue un total desastre. A pesar de habernos reunido varias veces por semana a la mitad del semestre para trabajar en el proyecto. Yo sabía que no iba a terminar bien. Las estrategias cambiaban cada semana. No podíamos ponernos de acuerdo en el contenido. No teníamos idea de a dónde queríamos llegar. Nuestro promedio estaba en peligro. Necesitábamos hacer algo si queríamos salir bien como equipo. Al final, no todos aprobamos el curso. El proyecto fue una gran oportunidad de desarrollo del que yo derivé muchas experiencias valiosas. De hecho, hasta este día aún trabajo con aquel profesor adjunto, y en algunas ocasiones él ha trabajado bajo mis órdenes sobre la base de contratos.

Recorriendo el Camino de la Vida

“El Señor dice: ´Yo te instruiré, yo te enseñaré el camino que debes andar. Yo te daré consejos y velaré por ti´” (Salmo 32:8, LBD).

La vida incluye momentos que definen la manera en que una persona se conducirá en el futuro. Yo era muy pequeño cuando aprendí a andar en bicicleta, pero durante mis 20, aprendí a conducir bicicletas de montaña. Ambos tipos de transporte requieren una gran dedicación en habilidades motoras, pero hacerlo en una bicicleta de montaña también requiere una serie de hábitos e instintos. Nunca olvidaré el dolor (físico y emocional), y también, la frustración de caer de una bicicleta siendo ya un adulto, casado y con hijos. Tuve que cambiar la manera de usar mis piernas, brazos, pulmones y ojos. Si iba a tener éxito en mi futuro como conductor de bicicletas de montaña, necesitaba renovar mis habilidades como ciclista en elementos y retos diferentes. Realmente nunca comprendí cómo lograrlo hasta que acudí a un amigo mío, experimentado, que me dijo: “Jay, tú llegarás tan lejos (sin caerte)  como tus ojos te lleven”.

No me parece que comprendí de inmediato lo que eso significaba. Es mucho más fácil decirlo que hacerlo. Lo que tú necesitas hacer es ver hacia delante de manera importante, porque a donde tú miras es a donde tú llegas. Mi cuñado Jeremy parecía entenderlo mejor, de modo que lo envié por delante. Esta estrategia me dio la ventaja de seguir a un líder que entendía el concepto mejor que yo. ¡Todo lo que yo tenía que hacer era seguir a alguien que sabía a dónde quería ir! Me hace mucho pensar en lo disímiles que eran las personas que Jesús llamó a que lo siguieran. Me gusta leer sobre las preguntas que Jesús recibía de personas y de grupos de personas. Una vez, entre la multitud le preguntaron: “¿Qué tenemos que hacer para realizar las obras que Dios exige?” (Juan 6:18). Cuando yo no sé qué debo hacer en seguida, con frecuencia pienso en lo que Dios me pidió que hiciera la última vez. Este proceso meditado, al menos me dará un marco para comenzar a buscar una nueva dirección después de haber llegado a mi último destino. La pregunta puede ser válida. ¿Qué tenemos que hacer para realizar las obras que Dios exige?”,  “¿Qué haremos?”,  “¿A quién seguiremos?”

Una Guía para el Cambio

Dirigir a través del cambio no es fácil. Debe establecerse un marco como guía. Ofrezco lo que viene a continuación como un modelo para tomar mejores decisiones por parte de seguidores y líderes.

Primero: Si vas a dirigir a un pueblo en el proceso de cambio, debemos comenzar con objetivos bien definidos que serán aplicados en la evaluación de los posibles resultados y soluciones en el manejo de tu cambio. Haciendo esto primero preparará tu mente (y las mentes de todos) para producir soluciones relevantes que no estén fuera de la realidad de posibilidades según lo definido por tus objetivos.

Segundo: Debes amortiguar las etapas de identificación —en las que la variedad, la independencia y la diversidad superan el enfoque y el razonamiento analítico— de la selección de metas objetivas. Debemos desestimular el criticismo (sea objetivo o no) y la evaluación de las metas finales objetivas.

Tercero: Gánate un grupo importante de partidarios. Empieza con un proceso de grupo basado en una discusión que provoque un alud de información. En este marco, todas las personas deben disponer de tiempo para compartir sus mejores soluciones personales, o proyectos de solución en el concepto. Hay que permitir algunas deliberaciones a fin de que cada persona refleje y cree soluciones adicionales a partir de las ideas de otros o estimulada por la crítica de sus propias ideas.

Cuarto: Propónganse soluciones diversas. Incluso yo diría que es mejor promover ideas diversas por encima de las variaciones de intentos pasados. Considera que, en algunos lugares, las ideas diversas necesitan ser facilitadas porque es probablemente la idea que vendrá de forma anónima. Cuando le damos lugar a la diversidad, a menudo las personas temen a la influencia social de la desaprobación, y una idea altamente efectiva  puede no producir una total satisfacción.

Quinto: Provee una manera de grabar y memorizar las soluciones que se generen en cada etapa. Con frecuencia los grupos hacen esto por medio del uso de un rotafolio o apuntes en notas de gran tamaño. Utiliza archivos electrónicos para mantener el rastreo de las tareas, y de quién se ha ofrecido para darles seguimiento. Repasa estos archivos o el tiempo en que ocurrieron en cada cambio importante de la reunión del grupo.

Finalmente: Adopta un medio definitivo de decidir sobre un consenso aceptable. Esto a menudo es efectivo por medio de someter a  votación  la recomendación de llevarlo a la autoridad que tomará la decisión. Sin embargo, no debes permitir que  influyan en el grupo factores sociales no relevantes. En estos factores se puede incluir el status social, la facilidad de palabra, y la confiabilidad de las fuentes de retroalimentación. Las evaluaciones parciales pueden precipitar al grupo a una ineficacia extrema que le impida llegar a las metas finales como fueron establecidas en el primer paso.

Somos llamados a hacer la obra de Dios. La obra de Dios es creer en Aquel que Él ha enviado (Juan 6:29). La comisión consiste en ir y hacer seguidores a todas las naciones, bautizándoles en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y enseñándoles a obedecer  (Mateo 28:18-19, Marcos 16:15-16). En una sencilla orden, Jesús requiere que los líderes sean seguidores y que los ´cambiadores´ sean cambiados. ¿Quién entonces está exento de ser un seguidor? ¡Nadie!

Cuando yo era un niño, jugaba un juego llamado “Sigan al Líder”. El juego tenía una sola regla: Haz lo mismo que hizo el líder. El privilegio más grande consistía en ser el líder. Yo me hice el desafío de ser el que siguieran los demás.

En un mundo en el que una persona puede conseguir seguidores simplemente por quejarse más fuerte, agitando los brazos en el aire, y diciendo #Alternative Truths (Verdades Alternativas), ¿Qué se necesita para levantar una generación de verdaderos líderes que sientan el deseo de dar un paso al frente y salir? Tendemos a tenerle miedo al cambio. En realidad, tenemos miedo de perder. El Cambio es la pérdida final.

Cambiar para seguir a Jesús incluye la pérdida del yo—la pérdida de nuestra identidad, y el deseo de adoptar una nueva vida en Él. Jesús nos llamó a cambiar nuestros caminos, amar a Dios y hacer seguidores de Cristo. Nosotros amamos a Dios demostrando amor y respeto por toda Su creación. La expresión perfecta de seguir o de dirigir fue la de seguir Él mismo la única meta en Su vida: Hacer la voluntad del Padre que lo envió. A causa de que Jesús siguió al Padre, nosotros somos guiados hacia la eternidad.

Jay Córdova es un presbítero ordenado que sirve como director de comunicaciones de la Iglesia Metodista Libre – USA. Anteriormente trabajó como un emprendedor de nuevos negocios y dirigió pequeñas empresas en una incubadora en el estado de Michigan.

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