Claves Para una Iglesia Multiplicadora

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La Iglesia Metodista Libre planea plantar muchos nuevos grupos e iglesias en los próximos años. Nuestros planes provienen de la historia de la iglesia que encontramos en el libro de los Hechos. Exhortamos a cada iglesia a orar y contribuir a esto y a aprender a ser parte de la obra de Dios, para inundar nuestro mundo con buenas nuevas, esperanza y vida en Jesús.

La iglesia, nacida en Pentecostés, creció explosiva, expansiva y exponencialmente. Inmediatamente se agregaron 3.000 al núcleo de discípulos en Jerusalén (Hechos 2:41). Su compañerismo dejó a los espectadores asombrados e interesados, así que el Señor agregó otros que habrían de ser salvos (2:47). Aunque Pedro y Juan terminaron en la cárcel, aun así, “muchos que oyeron la palabra creyeron; alrededor de 5.000″ (4:4).

Lejos de ser perfectos, la iglesia primitiva se encontró con la hipocresía y el engaño entre sus miembros, pero respondió al pecado de maneras que hicieron que la iglesia creciera. Así, los creyentes fueron agregados a la iglesia, un gran número de hombres y mujeres (5:14). Incluso en situaciones de conflicto, tal expansión explosiva no podía ser ocultada ni detenida. En varias ocasiones, las autoridades arrestaron a los apóstoles. Después, cuando Herodes trató de obtener el favor del parlamento religioso para eliminar a los apóstoles, terminó muerto, “pero la palabra del Señor crecía y se multiplicaba” (12:24 RVR). Incluso con la lucha y el conflicto interno de la iglesia, “la palabra de Dios se extendió. El número de discípulos aumentaba considerablemente en Jerusalén” (6:7).

Muy pronto, la iglesia y la palabra del Señor se multiplicaron y crecieron poderosamente (9:31; 13:49; 19:20). Sorprendentemente, en unas pocas generaciones, hubo comunidades de seguidores de Cristo en todo el vasto Imperio Romano (Colosenses 1:6, 23).

¿Qué implica para nosotros, actualmente, este cuadro de expansión y multiplicación de la iglesia? Bueno, para empezar, no esperes descubrir una fórmula o secreto para ser una iglesia que se multiplica. Esto es porque la iglesia de Jesús representa una continuación del movimiento que comenzó con el ministerio de Jesús mismo. Es un movimiento vivo con el Espíritu de Dios, y como cualquier cosa verdaderamente viva, el movimiento resiste la reducción a una receta.

Cinco Cualidades

Eso no significa que nos quedemos sin alguna clave. Aquí hay cinco cualidades que están en el centro de la notable multiplicación de la iglesia.

Primero, Jesús y Su palabra son el punto central. De hecho, los primeros en ser iglesia se dedicaron a Jesús, su Señor. Como lo prometió, Jesús estaba en medio de ellos de manera literal, aunque no materialmente. Cuando otros los observaron, ellos explicaron lo que vieron señalando que los discípulos habían sido compañeros de Jesús (Hechos 4:13). La atención a la persona de Jesús, como lo encontramos en los evangelios, es crítica para una iglesia que se multiplica. Los encuentros evangélicos con el Señor Jesús atraen y animan a los propios seguidores de Jesús. También generan profunda pasión y amor por Él y la confianza de que la verdadera vida se encuentra sólo en las palabras y hechos de Jesús.

Segundo, la iglesia está llena del Espíritu de Dios, que les anima y les da poder para seguir al Señor, mientras continúa Su misión en el mundo. Tendemos a individualizar el Pentecostés, entendiendo la llenura del Espíritu exclusivamente en términos de la experiencia de cada discípulo. Sin embargo, en Hechos, el Espíritu cae sobre ellos y llena a grupos de personas; a cada uno, pero también a todos ellos juntos. La iglesia debe cobrar vida y ser empoderada para compartir la misión de Jesús.

Tercero, la iglesia vive y sirve en un ambiente de oración. El Espíritu de Dios vino, originalmente, después de la oración comunitaria. Entonces, la misión de Jesús se desarrolló y se multiplicó junto con la comunidad en oración. Jesús afirmó que Sus palabras fueron lo que Él oyó al Padre hablar y sus acciones lo que vio al Padre hacer. Sin duda, el “ver y oír” de Jesús vino a través del diálogo de oración con Dios. Si la iglesia anhela hablar y actuar como lo hizo Jesús, es esencial que le busque en oración y luego en obediencia.

Cuarto, por el poder del Espíritu, la iglesia formó una especie de comunión, o de compartir, que aturdió a los observadores. La “Iglesia” designó a una familia que eventualmente trascendió todas las otras maneras de “hacer familia”. Juntos se convirtieron en un hogar diferente, acogiendo a todos los que se sentían atraídos por una nueva forma de vivir, compartiendo la vida con Dios y con los demás.

En quinto lugar, la iglesia aprendió a reconocer, resistir y rechazar otras formas de ser familia que entran en conflicto con el camino de Dios (véase, por ejemplo, 1:8, 10:15, 34-35, 11:1-4, 18). Las afinidades “naturales” de raza, cultura, política, social o económica nunca deben competir con los lazos familiares generados por el Espíritu entre los seguidores de Jesús.

Una vez más, estas son las pistas: presta atención central a Jesús, busca la llenura del Espíritu, espera, orando, para escuchar de Jesús y obedecer, y compartan profundamente unos con otros en el Espíritu. En el proceso, la iglesia se vuelve hacia el mundo, desarma las preferencias pecaminosas y colapsa las barreras que impiden que otros se unan a la familia.

Exhortamos a la iglesia: Alíniate con la Palabra de Dios; Cultiva estas cualidades; Observa lo que sucede.

El Obispo David Kendall es un ministro ordenado en la Conferencia Great Plains. Fue elegido por primera vez al cargo en 2005.

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