Comenzando con Sencillez

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Se dice que Bill Gates pudo ser el primer multimillonario en la historia. Microsoft, la compañía que él fundó, comenzó en un garaje o cochera. De manera similar, comenzó con algunos visionarios que soñaban con una nueva manera de hacer computación. Igualmente, surgió en un garaje. De hecho, Google, Hewlett Packard, Disney y Amazon todas comenzaron en garajes. Mi punto no es que los garajes sean para negocios de alto impacto (personalmente, yo he hecho algunos descubrimientos en garajes, pero generalmente son antiguallas olvidadas por mucho tiempo). El punto es que algunos de los más grandes corporativos de impacto en el mundo se dieron sin contar con ninguna propiedad, un lugar apropiado, grandes cantidades de inversión de capital o una cantidad masiva de mano de obra.

Espiritualmente hablando, el punto de entrada de Jesús en Su creación fue por medio de algo similar a un garaje — un establo. Envuelto en pañales, sin parteras o médicos. Podía haber sido un garaje si hubiera habido entonces esa clase de lugares. El establo era el equivalente a un garaje en Sus días — un lugar para albergar bestias de carga y guardar los objetos relacionados. Este es el lugar en el que Él hace su entrada. Ahora, más personas han seguido a Jesús que a ningún otro en la historia, y yo soy uno de esos seguidores.

Es más probable que un negocio se inicie de una manera humilde que con un disparo de cañón. Si son movimientos verdaderamente revolucionarios, luego no pertenecen al orden común creado por la fuerza secular o política, o por un acto de la voluntad. Típicamente se inician con ideas, con el corazón, las relaciones, por emprendedores, compromisos o causas. A eso se debe, en parte, la razón de que se conviertan en movimientos. No son simples extensiones de las fuerzas de la sociedad. Son salidas radicales de los convencionalismos. Así, personas como Juan Wesley se embarcan en cambios históricos reuniéndose con pequeños grupos de personas comprometidas con obras sencillas para demostrar su amor a Dios y a la gente pobre. Un siglo después, en la década de 1850, Guillermo Booth inició un movimiento sin tener un edificio o un púlpito, sólo para el cuidado de niños de la calle e indigentes. El Ejército de Salvación fue iniciado por Guillermo y  Catherine Booth sin siquiera un garaje. Poco después aquel movimiento tenía diez empleados, y antes de cumplir diez años, más de 1,000 voluntarios. Wesley y Booth tuvieron en común que fueron menospreciados y dejados a su suerte sin el apoyo de su iglesia.

Hay quienes dicen que la Iglesia Metodista Libre nació bajo un árbol de manzanas cerca de Rochester, Nueva York y se puso en movimiento con 45 laicos y 15 ministros en un campamento cercano. Eso fue un principio una vez más como en el de un garaje. Una expansión liberadora del evangelio—repleta con el mensaje de santidad, libertad e igualdad—emergió del humilde principio por Benjamín T. Roberts y ahora se repite en más de 90 países bajo el mismo pabellón y la presencia motivadora de Dios.

¿Qué tiene que ver esto con la plantación de iglesias? Casi todo. Cuando yo hablo con el miembro promedio acerca de la plantación de iglesias, tengo que llegar a la conclusión de que la mayoría de las personas considera la plantación de iglesias como algo que requiere enormes cantidades de dinero, centenares de personas, un edificio en el que quepan grandes cantidades de personas, y líderes con grandes capacidades y años de preparación y entrenamiento. Tengo que reconocer que muchas iglesias se han iniciado de esa manera, pero no la mayoría. La mayor parte de las iglesias Metodistas Libres alrededor del mundo han sido plantadas en las más humildes circunstancias y con recursos muy modestos.

Desde mi perspectiva y experiencia, la mayor parte de las iglesias  plantadas en hogares, salones rentados o instalaciones ya existentes y sin líderes profesionales fueron iniciadas por personas comprometidas que poseían lo esencial de lo que Jesús requiere para una iglesia—gente consagrada tratando de discipular a otros para llegar a ser seguidores de Jesucristo. Ciertamente entre esos lugares se encuentran garajes, la sala de algún hogar, oficinas y escuelas rentadas. La inversión que se ha requerido, a menudo solo ha sido unos pocos cientos de dólares y el compromiso de un pequeño núcleo de personas que diezman sobre cualquier ingreso que perciben—en su mayor parte bastante magro. Con frecuencia, los líderes han sido personas que tienen muy poco entrenamiento pero un gran llamado y compromiso de amar a Dios, amar a las personas, hacer discípulos y hacer lo que el Espíritu Santo les revela en la Santas Escrituras. Con eso en mente, el resto parece suceder bajo la influencia directa del Espíritu Santo.

Sé de lo que estoy hablando a partir de tres posturas. He plantado iglesias en marcos bien sencillos. He sido un misionero que ha plantado y apoyado plantaciones de iglesias de maneras muy sencillas. Ahora como obispo con frecuencia viajo en lugares del mundo en los que la iglesia está creciendo rápidamente aunque con pocos recursos. Una vez más, la sencillez acompañada de la fe parece ir a la vanguardia.

No pretendo ser un experto en el tema de la plantación de iglesias. Conozco muy poco al respecto. Las iglesias que he plantado han tenido diversos niveles de lo que la mayoría considerarían un éxito. Algunas han prosperado, otras han sobrevivido. Hay algunas que han dado a luz nuevas iglesias. Otras han muerto. Pero el Espíritu las ha utilizado a todas para impactar vidas de muchas personas y comunidades han sido cambiadas. Algunas han impactado y desarrollado líderes. Otras han trabajado para encontrar un lugar. Todas han dado la honra a Dios y han sido el medio para cumplir la Gran Comisión (Mateo 28:19-20) y el más grande Mandamiento (Mateo 22:35-38, Marcos 12:28-30).

Pienso en los lugares poco adecuados que albergaron estas reuniones. Vieron la luz en hogares, escuelas, alguna iglesia amiga dispuesta a albergar a un grupo de creyentes huérfanos, una azotea, un centro acuático, la capilla de un colegio, la sombra de un frondoso árbol (no necesariamente un manzano), y algún almacén (lo más parecido a un garaje). He observado el nacimiento de iglesias en antiguos cines, centros de jubilados, centros comunitarios, complejos de oficinas, bodegas, cuartos compartidos de departamentos, capillas fúnebres, pasillos de centros comerciales, estacionamientos de restaurantes, salones de boliche, y establos.

Algunas se iniciaron sin la guía de un pastor profesional, sin un presupuesto, sin materiales impresos ni página de internet. La mayor parte se inició con grupos más pequeños que un equipo de beisbol. Algunas iniciaron sin dar publicidad. Muchas tuvieron muy poca promoción, respuesta inmediata, o que las comunidades que las rodeaban hubieran expresado interés en las reuniones. Pero aún con todos estos obstáculos, nacieron iglesias que conozco y que han impactado globalmente.

Mi intención en este artículo es clara y en tres puntos.

Desmitificar el Proceso

La primera razón para escribir es para desmitificar el proceso. Esta no es una empresa para profesionales, sino un llamado a los seguidores de Jesús, fieles y comprometidos. Siendo que la iglesia fue formada por Jesús y llena del Espíritu, la práctica normal de un negocio no es la base sobre la que está formada la iglesia, o la base sobre la que ella descansa. Yo superviso la Iglesia Metodista Libre en varios países. Uno de ellos lo mantendré en secreto por razones de seguridad. En ese país en particular no hay un solo ministro profesional. ¡Ni uno solo! No existen plantadores de iglesias preparados. ¡Ni uno solo! Sin embargo, hasta donde yo sé, en este país se han plantado más iglesias Metodistas Libres que en ninguna otra parte del mundo. La expectativa simplemente es que los obedientes  seguidores de Cristo sean parte del inicio de algo que “alcance, enseñe, corrija, y envíe” (citando a Larry Welkemeyer, Pastor principal de la Confraternidad Cristiana Libre Luz y Vida) a personas que practiquen el ministerio en áreas aún no alcanzadas.

Recordemos que ninguno de los plantadores de iglesias del libro de Los Hechos tampoco recibió ningún entrenamiento profesional. El Espíritu Santo siempre impulsa a las personas a realizar cosas más allá de sus experiencias de comodidad, sus habilidades perceptibles y entrenamiento clásico. Para eso Él es muy bueno. No me malentiendas. Él nos imparte dones y espera que los utilicemos para Su gloria. Pero que nadie piense que iniciar o plantar una iglesia no pertenezca a ninguna de las listas de los dones de la Biblia. Se puede decir que un buen argumento puede ser que la plantación de iglesias es lo que las personas que posean cualquiera de los dones pueden hacer.

Ver la Plantación como Algo Normal

Mi esperanza es normalizar la plantación de iglesias. Plantar iglesias ha sido parte de la vida de la iglesia desde que Jesús la formó y fue llena del Espíritu. La plantación de iglesias no fue un evento sobrenatural o fuera de lo común durante los últimos 2,000 años como parece ser en los Estados Unidos en el siglo 21. Las personas, movidas por el Espíritu, iniciaron iglesias a fin de tener un lugar para reunirse y ministrar.

Los cristianos siempre han reconocido que la adoración es la mejor expresión de nuestra fe en Cristo Jesús. Luego, desarrollar relaciones saludables con aquellos con quienes procuramos juntos a Dios es algo esencial para expresar nuestra fe. Congregarnos juntos es un resultado natural en la formación de relaciones. Por tanto, nos congregamos y adoramos de tal manera que demos la honra a Dios y nos bendigamos unos a otros. No es fácil imaginar la vida cristiana sin adorar a Dios y edificarnos unos a otros. Cuando lo hacemos así, estamos experimentando la iglesia. Cuando hacemos eso en un nuevo contexto, estamos experimentando la plantación de iglesias.

Aunque viajo por el mundo. Nunca he estado en un lugar en donde haya suficientes iglesias para servir a la comunidad, alcanzar a los necesitados espiritualmente, involucrar a todas las personas a que vivan su propósito para Dios, y saturar el ambiente con la presencia salvífica de  Jesús. Yo he estado en Bible Belt (el Cinturón de la Biblia), una ciudad con tantas cruces iluminadas al grado de que el cielo se ve de color rojo, y en un lugar llamado la Jerusalén del Este. En esos lugares he conocido a muchas personas que aún no han sido tocadas por la iglesia, y no sabían de las buenas nuevas de Jesús. Incluso en esos lugares, estoy convencido de que a Jesús le gustaría ver más iglesias que penetren las tinieblas con una luz aún mejor.

Remover el Temor

La razón final es ayudar a remover el temor que se asocia con la plantación de iglesias, a través de los años he sido testigo de primera mano de ese temor. Estas son las objeciones que he escuchado cuando he plantado iglesias, y las escucho con más frecuencia de miembros de la iglesia preocupados: “Vamos a destruir la familia de la iglesia si enviamos personas a abrir otra iglesia”. “Perderemos a nuestros amigos”. “No somos un grupo bastante grande”. “Necesitamos a la gente y los recursos económicos aquí para terminar la obra que Dios nos mandó”. “Ya hay suficientes iglesias en la comunidad para alcanzar a toda la gente”. “Aumentemos mejor el número de servicios aquí en lugar de abrir iglesias nuevas”. ”No nos sentimos llamados a plantar iglesias”. “No es nuestro don o llamado colectivo”.  “Nuestro llamado es fortalecer lo que ya tenemos en lugar de comenzar una iglesia nueva”. Puedes añadirle a la lista, pero estas son las objeciones más comunes. No tenemos suficiente espacio en este artículo para refutar a cada una de éstas. Sólo incluiré en resumen algunos puntos que las explican.

Hay personas que tu iglesia no puede alcanzar bien debido a las distancias, cultura, llamado, salud o cuestiones cosméticas. Las iglesias son como las huellas digitales, las nubes o las olas del mar. Todas son diferentes, y se necesitan iglesias diferentes para alcanzar a personas diferentes.

Los cristianos debemos estar conscientes de que crecemos al dejar ir lo que queremos, por medio del sacrificio y nuestra reacción al llamado de Dios. Enviar personas y recursos nunca destruye, ni entorpece a la iglesia—si fue concebida para bendecir a Dios y a Su iglesia. En eso yo no he visto excepciones. Generalmente fomenta una fe y gozo más profundos—especialmente si vemos el fruto de nuestros dones y sacrificio. Enviar es lo que siempre ha hecho la iglesia. Esto no significa únicamente enviar a nuestros jóvenes a la universidad o nuestros profesionales médicos al campo misionero. Una iglesia sana, lo mismo que un cristiano sano, da y envía.

Decir: “Si todas las iglesias hicieran su parte, no tendríamos necesidad de plantar más iglesias” es como decir: “Si todos vinieran todos los domingos y diezmaran, tendríamos suficiente gente y más que suficientes recursos”. La verdad es que nunca se ha alcanzado ese ideal; al menos yo no lo he visto. Algunas iglesias en tu comunidad trabajan estando enfermas, luchando por sobrevivir, no tienen buena reputación en la comunidad. Tienen una visión o liderazgo limitados para vivir de acuerdo a su llamado y están luchando por encontrar la razón de su existencia. Esa es la realidad en la mayor parte de las comunidades. Iglesias nuevas que se forman con una visión, pasión, fe y salud frescas llevan nueva vida a la comunidad, e incluso a las demás iglesias en esa misma comunidad.

Quiero regresar al pesebre. La iglesia realmente se inició ahí. Quiero regresar a la casa en la que se habían reunido algunos de los discípulos después de la ascensión de Jesús (Hechos 2:2). La iglesia, empoderada por el Espíritu Santo ahí se realizó. Me gustaría estar en un cuarto con un pequeño grupo de ministros en el campus de Oxford. El Movimiento Metodista ahí comenzó. Me gustaría regresar al árbol de manzanas bajo el cual Benjamín Titus Roberts y sus amigos concibieron una iglesia. La Iglesia Metodista Libre ahí nació. Me gustaría ir a tu garaje en el que…

El Obispo Matthew Thomas ha sido parte activa de la Iglesia Metodista Libre desde 1979. Sus roles de ministerio han incluido su servicio como pastor, plantador de iglesias, misionero y superintendente.

 

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