Siendo la Iglesia de Jesucristo

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“¿No has visto cuánto te cuido?” Eso fue lo que escuché decir a Dios cuando traté de convencerlo

de que mi tiempo era mucho mejor que esperar a que Él me proveyera. La iglesia de la que soy pastora ha estado “sin hogar” por cerca de dos años. Somos de los que muchos se refieren como una “iglesia en una caja”. Todo lo que necesitamos para nuestro servicio del domingo cabe en un remolque de 5 por 8 pies (1.60 por 2.60 mts, aprox.), mismo que remolcamos y colocamos cada semana en un centro comunitario. Nos instalamos, celebramos el servicio, y lo desmantelamos en tres horas. La mayor parte del tiempo, me siento llena de energía y lista para ocuparme en esta tarea, pero ocasionalmente deseo que la iglesia sea más fácil. Asumo que algunos en mi congregación sienten lo mismo.

En mi experiencia como Cristiana, sin embargo, la facilidad no es lo que esperamos si vivimos una vida transformada para ser más como Jesús. En 1 Pedro 2:4-5, leemos, “Cristo es la piedra viva, rechazada por los seres humanos, pero escogida y preciosa ante Dios. Al acercarse a él, también ustedes son como piedras vivas, con las cuales se está edificando una casa espiritual. De este modo llegan a ser un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por medio de Jesucristo”.

A nosotros se nos describe como piedras vivas que constituyen el templo espiritual donde Dios reside, y donde ofrecemos sacrificios aceptables a Él. Esto es maravilloso, en ambos sentidos de la palabra en una forma esplendorosa y profundamente humilde. ¡El Dios del universo reside dentro de nosotros! ¿Qué más podemos pedir? Francamente, durante el día Dios y yo tuvimos una conversación acerca de Su tiempo, lo que yo quería era un edificio para albergar Su iglesia.

Cuando fui asignada como pastora principal en la Confraternidad Nueva Visión, casi todos en esta iglesia se sentían desconectados entre sí y agotados en su área de ministerio. Estábamos en un compás de espera, con la esperanza de que una necesidad profundamente arraigada fuera satisfecha, pero no teníamos una dirección clara. El mensaje inmediato de Dios fue que necesitábamos dejar de hablar sobre ser una iglesia y realmente empezar a ser una iglesia — incluso dando de lo que nosotros sentíamos que era nuestro punto de más profunda necesidad.

Necesitábamos dirección, crecimiento, esperanza y vida nueva. Descubrimos que algo nuevo se esperaba de la iglesia de Cristo: ¡acción! Una de la claves para satisfacer esta profunda necesidad se encuentra en Santiago 1:27 “La religión pura y sin mancha delante de Dios nuestro Padre es esta: atender a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones, y conservarse limpio de la corrupción del mundo.” Dios nos puso bien claro que hay sólo un requisito si queremos resolver nuestros sentimientos de profunda necesidad, y era ser obedientes y seguirle a donde quiera que Él nos guiara, y a donde Él nos guió fue al mundo.

Dios nos guió a una casa hogar para madres solteras, el 85 por ciento de las cuales han salido del tráfico de personas. Estas jóvenes madres llegan a la casa cuando están embarazadas y pueden vivir ahí hasta un año y medio después de que sus hijos han nacido. Aprenden como planear y hacer comidas saludables, paternidad, confianza, y a vivir en un ambiente hogareño, seguro y saludable. Nuestra iglesia no viene con sus Biblias a enseñar estudios bíblicos. Eso es una parte importante de la vida de las madres, pero no fue lo que Dios nos pidió. Venimos a atender la lista de tareas: limpiar a fondo los dormitorios, esterilizar la cocina, adecuar la casa para los niños, plantar flores, limpiar canaletas, cortar la maleza y limpiar la cochera.

Servimos en esta casa por un un mes, y en el siguiente servimos en otras organizaciones comunitarias y así sucesivamente. Hacemos este trabajo duro porque estas madres jóvenes merecen saber que son valoradas, y, porque son valoradas, merecen vivir en una hermosa y bien cuidada casa. Nuestra propia necesidad de dirección como iglesia nos llevó a ofrecer provisión a otros. Esto satisface la descripción de la verdadera religión y comenzó a vincularnos a nosotros en un cuerpo como iglesia.

Poco después de iniciar en este nuevo llamado, nos dimos cuenta de que el edificio de nuestra iglesia  debía ser vendido. Financieramente, estábamos en un desastre. Como Dios nos había puesto en claro que Su único requerimiento era obedecerle y seguirle a donde Él nos guiara, vendimos nuestra iglesia y nos movimos para ir a la Tierra Prometida. Dos cosas se cumplieron por medio de la pérdida de nuestro edificio: Estábamos libres de deudas. Podíamos comprender con claridad que la iglesia no es el edificio; la iglesia es las “piedras vivas… que son construidas en una casa espiritual”.

En el transcurso de nuestro primer año de ser una iglesia con un propósito claro,  Dios además nos trajo una gran provisión para nuestras necesidades espirituales y financieras  — más allá de los que jamás pudimos imaginarnos pedir en oración. Su mensaje fue que si nos esforzábamos en ser fieles en lo poco, Él será fiel en lo mucho.

El mismo día en que me vi tratando de convencer a Dios de que necesitábamos un templo, Él claramente me recordó del poder transformacional que ha ocurrido mientras íbamos de ser personas con profundas necesidades espirituales, sin dirección y conexión; a un lugar de gran provisión porque estamos siendo la iglesia de Jesucristo. Seguimos esperando nuestra iglesia propia, donde sea y lo que sea que eso signifique. Pero resulta que no es lo que necesitamos para ser la iglesia de Jesucristo.

Carlene Nisley es pastora principal de la Confraternidad Nueva Visión en Beaverton, Oregon.

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