Nuestros Sueños y la Imaginación de Dios

cloudspt2017

Diez años atrás, me vi en medio de una rutina. Desperté una mañana y me di cuenta que no me sentía feliz. En lo externo no había malo en mi vida. Tenía salud, tenía un empleo. No hacía falta nada en mi lista de las cosas que supuestamente nos dan seguridad y nos hacen sentirnos felices.

La escritora Elizabeth Gilbert nos aconseja: “Cuando el pasado se haya ido de ti, déjalo. Luego baja y empieza a vivir el resto de tu vida con gran alegría”. Puedo no estar de acuerdo con las creencias de Gilbert,  pero estas palabras resonaban en mí.

Soy sobreviviente de un asalto sexual. De hecho, tengo una vida en la que me voy abriendo camino. Jesús me ha amado de una manera tan profunda que ha llevado consigo mis heridas y me ha purificado, me ha sanado y liberado.

En medio de mi trauma, si me hubieras preguntado si yo creía que había un Salvador que vendría y llevaría mis heridas y las cambiará en gozo. Yo te hubiera dicho: “¡Estás loco!” Sin embargo Jesús me sanó, y yo comencé a vivir libremente en Él.

Antes de servir en el ministerio de tiempo completo, yo trabajaba en la radio, era una personalidad popular en una estación de radio popular. Para todos los fines y propósitos, tenía una buena vida. Pero mi vida mejoró cuando acepté un puesto de tiempo completo en mi iglesia local. Servía a Jesús como mi vocación. Estaba sumergida en una comunidad de personas que valoraban a Cristo. El pasado se había ido de mí, pero no me sentía feliz. Había en mí un sutil sentido de vacío como una ola de materia gris que trataba de cubrir los colores firmes que antes había sentido.

De inmediato, traté de auto-diagnosticar mis sentimientos. Hice lo único sensible que haría una persona en mi situación, entré a Google. Quería saber si estaba deprimida. Según lo que leí en internet, podía estar padeciendo cualquier cantidad de enfermedades, pero la depresión no era una de ellas.

Después de un tiempo de reflexión y de trabajo, me di cuenta que no tenía satisfacción. Me vi en el espejo y cometí la torpeza de juzgarme a mí misma.

“¿Eso es todo?” Pregunté.

“Yo pensaba que a estas alturas ya habrías logrado mucho más”  Me dije a mí misma.

Me sentí avergonzada. ¿No se supone que una mujer ocupada de tiempo completo en el ministerio debe sentirse feliz?

Clamé a Dios. Clamé en oración. Clamé en adoración y en mi periódico. Después de un tiempo de rendirme a Él. Oí la voz de Dios.

“Kristy, has dejado de soñar”.

“¿Escuché bien la voz de Dios? ¿En verdad me había vuelto una conformista y quizá un poco complaciente?

¿Era que la comodidad de mi vida me estaba haciendo su prisionera sin los sueños que Dios tenía para mí”?

Repentinamente, Jesús me hizo recordar Su poder, de que Él me había rescatado de otras tormentas en mi vida. Me recordó  de Su amor incesante por medio del cual todas las cosas son posibles. Jesús me recordó que somos hechos a imagen del único Creador verdadero, y el poder de Su imaginación vive dentro de nuestras vidas. Somos la más grande obra maestra, y por medio de Él, podemos usar nuestros dones para cambiar el mundo que nos rodea. En Cristo, podemos ser llenos de tanto amor que nos empodera para vencer los obstáculos y amar al mundo en torno nuestro.

Yo había dejado de soñar, pero Dios me estaba invitando a soñar de nuevo.

Prisioneros de la Comodidad

“Así que ve y diles a los israelitas: “Yo soy el Señor, y voy a quitarles de encima la opresión de los egipcios. Voy a librarlos de su esclavitud; voy a liberarlos con gran despliegue de poder y con grandes actos de justicia. Haré de ustedes mi pueblo; y yo seré su Dios. Así sabrán que yo soy el Señor su Dios, que los libró de la opresión de los egipcios. Y los llevaré a la tierra que bajo juramento prometí darles a Abraham, Isaac y Jacob. Yo, el Señor, les daré a ustedes posesión de ella”. Moisés les dio a conocer esto a los israelitas, pero por su desánimo y las penurias de su esclavitud ellos no le hicieron caso” (Éxodo 6:6-9, NBD).

¿Qué tan a menudo una antigua manera de pensar, o de repetírnoslo a nosotros mismos, nos encierra en la prisión de nuestras zonas de confort—la prisión de hacer iglesia exactamente de la misma manera por años y años? ¿Hemos permitido que nuestras zonas de confort se conviertan en barreras entre lo que queremos hacer y lo que Dios soñó que hiciéramos? Cuando entregamos nuestro confort, nuestros temores y complacencias a Jesús, damos lugar para que la imaginación de Dios trabaje en nuestras vidas. Cuando rendimos todo a Dios, comenzamos a convertirnos en personas que ayudan a otras personas.

En ese momento, Dios me dio sanidad, me cambió y creció en mí. El esfuerzo es doloroso, pero te ayuda a ir al siguiente nivel. Jesús me llevó de nuevo al mismo lugar en el que mi corazón confiaba y tomaba riesgos en el momento en que me invitara a entrar en el agua. Cristo me susurró al oído que soñara y fuera por más.

La Invitación y la Tela

¿Qué te está pidiendo Jesús que hagas? Como seguidores de Jesús, somos llamados a discipular, pero, ¿con cuánta frecuencia nos desanimamos? ¿Nos hemos desanimado por lo que el mundo nos ha ofrecido, empantanados en los eventos del día, y quebrantados por la brutalidad de nuestras propias decisiones y experiencias?

Nos decimos a nosotros mismos:

No tengo la visión como la de éste o aquel pastor.
Soy demasiado viejo (a) para soñar que lo que tengo no es todo lo que voy a conseguir.

Trabajo tan duro, pero la iglesia sigue sin crecer.

Estoy agotado.

Estoy estancado.

No conozco el idioma.

No tengo la preparación.

Soy una voz que clama en el desierto, pero nadie me escucha.

Aún después de que Dios reafirma Su amor imperecedero a Su pueblo, nosotros—lo mismo que los israelitas en Éxodo 6—no somos valientes. Perdemos nuestro valor. Nuestra fe flaquea si nos encontramos fuera de nuestra zona de comodidad. Como no podemos ver el resultado, queremos permanecer en aguas seguras en lugar de avanzar al llamado de Jesús.

Dios es imaginativo. Fuimos creados del polvo, pero tenemos la capacidad de amar. ¡Somos impresionantes! Como Sus siervos y líderes de Su iglesia, jamás debemos dejar de soñar el mismo sueño que Jesús tuvo cuando nos dijo: “Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin de mundo” (Mateo 28:19-20, NBD).

Jesús ha hecho un compromiso sin fin—un compromiso de amarnos con un amor incomparable que nos anima a soñar, orar, buscar, pedir, defender a los marginados y curar a los quebrantados. Jesús tiene un sueño para cada uno de nosotros, no importa que seas un asistente del administrador de la iglesia o un obrero voluntario, el pastor de una iglesia de 25 o de 2,500 miembros. Dios nos creó para este tiempo. Hay un sueño dentro de ti que sólo Dios pudo haber puesto, pero Él necesita que lo creamos, independientemente de tu posición o situación, podemos impactar al mundo por medio de Su poder. Este es el amor imparable e incansable que salvará al mundo.

Permanece firme. Ríndete diariamente y escucha a Dios. Escucha una y otra vez. Jesús puede hacer mucho con un corazón rendido. Este es el lugar en el que encontramos el amor y somos vencedores con gozo. La felicidad es circunstancial, pero el gozo puede ser para siempre.

Dios es el más grande artista de la vida de todos. Si tú aún sigues respirando, Él sigue pintando.

Tu vida es una tela en la que Dios está pintando.

El Sueño Interno

Hay algo dentro de ti, es un sueño. Esta es la clase de sueño que Dios infundió en Moisés cuando era un niño, aunque le tomó a Moisés toda una vida morir al yo y reconocer que ser hecho a la imagen de Dios lo calificaba automáticamente para ser moldeado y enseñado. Cuando Moisés dejó de decir no, Dios lo pudo moldear para ser un hombre que salvaría a toda una generación de su pueblo.

¿Cómo reconoces tu sueño? Creo que es algo que tú ya tienes: un deseo o un don—no importa que sea grande o pequeño—que llevas contigo.

Moisés tenía Su vara. Yo tengo una pluma. ¿Qué tienes en tu mano que puede ayudar a cambiar las vidas de otros?

Reconoce que la misma cosa que Dios quiere usar en tu vida comienza con un don, una idea o sueño que tú ya tienes. No vas a tener que ir lejos a buscar.

Luego, tienes que aceptar el sueño. Debes responder al llamado.

La mayoría de nosotros no nos podemos imaginar a Dios utilizando gente ordinaria como nosotros para hacer cosas extraordinarias. Lideramos, enseñamos, atendemos a otros, hacemos lo que hacemos los domingos y regresamos a casa, a nuestra zona de comodidad. Dios quiere más que eso.

Mi iglesia solo tiene 39 cajones de estacionamiento. Sin embargo, un pequeño grupo de personas decididas prefirieron soñar. Hemos plantado 20 iglesias por todo Estados Unidos.

Servimos a un Dios imaginativo, pero nuestra tendencia es servirle como si Su imaginación estuviera reservada para las vidas de otras personas e iglesias. Debemos cambiar esta manera de pensar. Debemos orar para sacar a Dios de la caja. Debemos revivir y estimular las vidas de aquellos que nos rodean.

Él creó la tierra, el agua, los árboles con su fruto, las lumbreras en el cielo por las noches, criaturas vivientes, y Él vio que todo era “bueno”. Pero hasta que nos hizo a nosotros, varón y hembra a Su imagen fue cuando dijo que todo era muy bueno.

Según el autor Erwin McManus: “El Dios Creador es el mismo Dios creativo, y Él nos hizo a Su imagen y semejanza. Él nos creó con imaginación y curiosidad, con la capacidad de esperar y soñar, y puso en nosotros todo el material necesario para vivir una vida extraordinariamente creativa. La prueba está en que por encima de cualquier otra cosa, nosotros tenemos un alma, y esa alma es el material divino con el que somos hechos para crear. La diferencia entre los seres humanos y todas las demás especies sobre este planeta es que los seres humanos son artistas. Ahí está lo especial que somos—somos creados para crear. En algún punto del camino olvidamos esto. Nos convencimos de que valíamos menos. Es tiempo de saber que valemos más.

Entregar lo que nosotros queremos y decir sí a lo que Jesús quiere es el primer paso para responder a Su llamado.

¿Cómo vivimos nuestros sueños? Debemos estar dispuestos a amar y a recibir la gracia. Algunas veces es difícil romper con viejos hábitos…  hacer las cosas de manera diferente. Cambiar la hora de un servicio para llenar las necesidades de tu comunidad, cambiar el orden de un servicio para dar paso a la creatividad, o cancelar un servicio para poder servir en la comunidad son algunas maneras de salir de la zona de comodidad.

Vencer el miedo significa que necesitamos una doble porción de la gracia. La gracia de Dios nos incluye a todos. La gracia nos permite el espacio para extendernos y llegar a ser la mejor versión de nosotros mismos—las versiones de nosotros mismos que amen a los demás y busquen ver en la tierra al reino de los cielos. Cuando estemos en una relación amorosa y devota con Dios, somos consolados cuando estamos en medio del sufrimiento. Cuando estamos doloridos somos sanados. Cuando la oposición nos golpea a nosotros y a nuestra iglesia, Jesús es nuestro amoroso guerrero que pelea nuestras batallas.

¿Cuántos de nosotros deseamos profundizar con Dios, pero (a menudo en la cuestión de hacer iglesia) nos olvidamos de estar con Jesús?

¿Cuántos de nosotros tenemos sueños y deseos que hemos puesto en lista de espera porque tenemos temor de salir, o estamos a medio camino y nos regresamos cuando las cosas comienzan a sentirse incómodas?

¿Estamos tocando resueltamente los beneficios de ser hijos del Rey? El amor de Dios es interminable. Cuando somos humildes y vulnerables delante de Él. Jesús puede hacer un molde increíble dentro de nosotros. No tengas temor de vivir lo que significa ser creado a la imagen de Dios. Imita Su amor, así podrás amar y llevar a otros hacia Él.

El amor echa fuera el temor y la duda. Isaías 30:21 dice: “Ya sea que te desvíes a la derecha o a la izquierda, tus oídos percibirán a tus espaldas una voz que te dirá: ´Este es el camino; síguelo´”.

Camina por el camino que Dios te está llamando a seguir. Corre hacia Dios y permite que Su amor te impulse. Todas las promesas que Dios ha hecho se han cumplido. Su amor permanece para siempre. Como dice la canción de Gungor (fmchr.ch/gbeautifult), Dios hace del polvo cosas hermosas, y también de nosotros. Jesús te hizo a ti y a mí. Somos hermosos.

He visto a Dios transformar mi vida de circunstancias trágicas a una vida llena de amor y de sueños. Sueña sueños. Vive para más.

Kristy Hinds es pastora asociada de la Confraternidad Cristiana Luz y Vida en Long Beach, California, y miembro de la Junta Administrativa de la Iglesia Metodista Libre del Sur de California.

 

Written By
More from Kristy Hinds

Música de Adoración en los Cines

Aún si el nombre Hillsong no te parece familiar, probablemente has pasado...
Read More

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *