¿Quién nos Cuida y cómo?

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Cuando se trata del “cuidado del alma”, debemos dejar en claro quién hace qué y cómo. El “quien” del cuidado del alma es Dios primero y después nosotros, pero “nosotros” en una forma muy diferente a la de Dios. Esto nos lleva al “como”, que es a través de la relación interactiva entre Dios y nosotros. Me explico:

Nosotros no podemos presumir de ser nuestra fuente principal del cuidado del alma. Aun así lo hacemos frecuentemente. De modo que un buen comienzo sería confesar nuestros problemas de control y nuestro fuerte deseo, o demanda de conocer secretos y usarlos para manejar nuestra vida espiritual por nosotros mismos, “con la ayuda del Señor”. Esto es completamente innecesario porque somos amados, buscados, comprados, cortejados y ganados por Jesús. Nuestros corazones recibieron una extraña calidez, y fuimos hechos nuevos – nuestros pecados y rebeliones perdonados. Se nos fue dado un nuevo comienzo, como renacer, a un método que obra de manera diferente a otros que hemos intentado. Dentro de nosotros tenemos el Espíritu de Jesús, que promete nunca dejarnos o abandonarnos. Por lo tanto, nuestro principal cuidador (del alma) vive con nosotros y en nosotros.

Aun así, la mayoría de nosotros siente la necesidad de asumir el control del proceso. Nos gustaría una lista corta, simple y a prueba de errores. Pero hay problemas con esto. Primero, no tiene sentido – como lo sería ordenar una neurocirugía por correo, dominar la vida matrimonial con galletas de la suerte, o asistir un parto por YouTube. No se puede hacer así. No existe tal cosa como vida en una caja, o relaciones humanas por receta.

Pero hay Uno que da vida y hace vivir, y luego profundiza y desarrolla vida en nosotros y para nosotros. Aquél de quien el salmista cantó hace miles de años:

“El Señor es mi pastor … me da todo lo que necesito … descanso, guía, protección, sanidad, seguridad … bondad y amor todos los días de mi vida, junto a aguas tranquilas, a través de valles tenebrosos, y aun en presencia de enemigos” (Salmo 23).

El cuidado constante y total del Señor se hizo carne en la persona de Jesús, el Buen Pastor, quien es nuestro principal cuidador (del alma). Al cuidado de Él, mi alma puede prosperar y la tuya también. El Señor toma el mando de nuestro bienestar. Podemos y debemos descansar en la bendición de este cuidado.

Nombrar a Dios como nuestro máximo cuidador – y confesar que no tenemos el control – no nos hace simples recipientes pasivos de lo que sea que Dios derrame dentro de nosotros. Más bien, nos dignifica como colaboradores responsables en una relación creciente y dadora de vida con Dios.

El verdadero cuidado del alma está dentro de esta relación de amor. El crecimiento, la madurez y la plenitud no son “hechos” a nosotros, sino que se profundizan y desarrollan en el transcurso de la relación. Esto es simplemente la forma en que todas las relaciones de amor funcionan, y aún más en esta relación. Nuestro crecimiento requiere nuestra respuesta porque nosotros mismos somos el principal material que se necesita para moldearnos y transformarnos en las personas que Dios creó para que lo fuéramos. La única manera en la que podemos ser transformados y formados es relacionarnos de una manera responsable participando en el dar y tomar de esa relación.

Por lo tanto, comenzamos confesando y abandonando nuestras tendencias por buscar el control para asumir formas responsivas y responsables. Como personas que se han rendido al cuidado del Señor, aquí hay varios consejos para este tipo de respuesta:

Humildad + Gratitud

Cultiva la humildad y la gratitud como una respuesta automática a cualquier circunstancia. Dios nos amó primero pródiga y sacrificialmente antes que pudiéramos siquiera responder y después de haber respondido pobremente. Un amor así nos maravilla y nos acerca a una humilde gratitud. Dejemos que esto se convierta en el fundamento de nuestras vidas: Con gratitud y humildad ante Aquél que nos ama de una manera tan asombrosa.

Escucha a Dios

Escucha a lo que Dios dice en amor. De hecho, Dios siempre ha hablado en una variedad de formas. Cuenta historias, da instrucciones, entona canciones, compone poemas, hace advertencias, ofrece sabiduría y personifica todo lo que dice en el advenimiento de Jesús. Nuestras Escrituras son las cosas más importantes que Dios quiso que oyéramos. No podemos estar bien, con almas que prosperan, sin convertirnos en personas que escuchan y son moldeadas por lo que Dios nos ha dicho.

Atención Activa

Ahora practica una atención más activa hacia Dios. Al considerar lo que está escrito, encontramos a la Palabra de Dios formándonos poderosamente. Con el tiempo, encontramos que nuestros pensamientos, perspectivas e incluso nuestros sentimientos empiezan a alinearse con los caminos que Dios reveló en estos escritos. Sentimos cómo Dios es y actúa. La atención activa desata respuestas a nuestras circunstancias que reflejan los caminos de Dios. No solo oramos mientras leemos, oramos lo que leemos. Y, mientras oramos, vivimos y actuamos.

Finalmente, como lo hice notar, nuestra respuesta incluye oración, pero lo más importante, oración de diálogo con Dios. Siempre estamos en la presencia de Dios. Cualquier circunstancia que tengamos, la tenemos en su presencia. De la manera que compartiríamos nuestras experiencias con nuestros amigos cercanos, aprendemos a hablar de nuestras vidas, circunstancias, alegrías, tristezas, preguntas y conclusiones, y todo lo demás con el Señor Dios.

El Obispo David Kendal es un presbítero ordenado en la Conferencia Great Plains quien fue elegido al cargo de Obispo Metodista Libre en 2005. Es el autor de “El Llamado de Dios a Ser Como Jesús”  y co-autor de “La Pastora: ¿Hay Lugar para Ella en el Pastorado?”

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