Un Futuro para la Iglesia Local

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La historia de la Primera Iglesia Metodista Libre de Pasadena comenzó en 1888. Lo que originalmente comenzó como una campaña de avivamiento en las calles de Pasadena, California, bajo el llamado del Rev. C.B. Ebey, floreció en una exuberante iglesia local por varias generaciones. De hecho, la iglesia duró por 120 años hasta que la Iglesia metodista Libre en el Sur de California cerró las puertas del edificio en 2008. La iglesia experimentó una rica historia como la ciudad en la cual reside, pero la congregación simplemente no podía mantener el paso con los cambios de la sociedad.

Las recientes estadísticas del Grupo Barna indican que en la última década, “el número de adultos quienes no asisten a la iglesia se ha incrementado por más del 30 por ciento. Esto es un incremento de 38 millones de individuos – eso es más gente que la que vive en Canadá o Australia”. (fmchr.ch/bgunchurch). Con tan tremenda decadencia en la asistencia a la iglesia, especialmente en los estados de la Costa del Pacífico “donde los residentes constituyen el 20 por ciento de los que no asisten a la iglesia en la nación”, no es una sorpresa que la Primera Iglesia Metodista Libre de Pasadena haya tenido sus luchas como muchas otras iglesias locales.

De acuerdo a sociólogos como Robert Putman y Marc Dunkelman, el tejido que mantenía a la iglesia local unida está desapareciendo. En “El Vecindario En Desaparición”, Dunkelman concluye que la desaparición de las relaciones del “segundo circulo” – las relaciones principales del vecindario – es la razón de tales cambios tan drásticos en la sociedad. Él escribe, “los adultos hoy en día tienden a valorar de manera diferente las clases de conexiones de lo que lo hacían sus abuelos: más del tiempo y atención que en nuestros días ponemos en los contactos más cercanos y los conocidos más causales. Hemos abandonado las relaciones intermedias – lo que yo defino como los lazos del ‘segundo círculo’. Y ese cambio, que es el resultado de millones de decisiones individuales a través de toda la sociedad, ha estimulado poco a poco la segunda transformación de la comunidad americana y nos ha dejado con la impresión de que el futuro es deprimente”.

Dunkelman nos llama la atención a lo que Putnam dijo hace algunos años en su libro, “Bowling Alone“ (Jugando Boliche Solitario). La esencia de la sociedad estadounidense, formada en torno a pueblos, y las instituciones democráticas de Alexis de Tocqueville han sido reemplazadas por el poder individual para escoger las relaciones que queremos.

El resultado ha redefinido el vecindario. Simplemente ya no conocemos a los vecinos de al lado, y la verdad es que no lo necesitamos. Nuestros teléfonos nos permiten filtrar las llamadas para hablar principalmente con familia y amigos cercanos. Nuestras laptops nos ayudan a estar conectados con antiguos amigos de la preparatoria que viven en otro estado. Nuestros autos nos permiten viajar a cualquier lugar de nuestro gusto. Nuestros aplicaciones nos conectan con quien sea y con lo que sea instantáneamente. En realidad hay muy poco en la vida que esté más allá de nuestras propias opciones. Cuando se nos deja con nuestras propias opciones, escogemos lo que nos gusta. Entonces ¿para qué escoger apoyar la iglesia local?

Cuando yo respondí al llamado en 2011 a reiniciar la Primera Iglesia Metodista Libre de Pasadena, ahora llamada Rose City Church, honestamente tampoco tenía ni idea. Para descubrir por qué nuestros vecinos escogerían la iglesia local, nos pasamos tres años formando una comunidad lista para servir al vecindario. En ese tiempo, nos dimos cuenta de dos lecciones importantes. Primero, se nos hizo evidente que la iglesia local ya no es el centro de la comunidad. Somos un grupo comunitario más entre muchos en nuestra área. Segundo, aprendimos que muchas de las organizaciones que sirven a la ciudad lo hacen tan bien – mejor que lo que nosotros lo pudiéramos hacer con nuestros recursos limitados. Esto significaba que nuestro futuro no dependía en que nos rodeáramos de gente para poder tomar la ciudad. Nuestro futuro depende en preparar a nuestra gente para salir y apoyar el buen trabajo que ya se está haciendo. Para averiguar a quién apoyar y de qué manera, duramos nueve meses en una campaña para escuchar.

Cuando nuestra campaña para escuchar reveló el gran sistema al cual pertenecía Rose City, empezamos a ver cuán drásticamente había cambiado el vecindario. Dunkelman estaba en lo correcto. La gente ejercitó el poder de escoger participar en toda clase de relaciones según les parecía mejor. Pero esto no era algo malo. Aprendimos a asegurarnos de solamente hacer una cosa muy bien y no muchas cosas mal.

En lugar de intentar ser una iglesia para toda la gente tratando de llenar todas las necesidades todo el tiempo, hicimos el cambio de enfocarnos solamente en hacer una cosa bien: discipulado. Decidimos enfocarnos en ofrecer lo que no ofrecía ningún grupo secular comunitario: una oportunidad de crecer como un discípulo de Cristo dentro de la vida de la iglesia.

Este enfoque singular significó que teníamos que hacer cambios mayores en nuestros ministerios. Teníamos que entregar nuestro ministerio para los estudiantes en el colegio comunitario local a la Confraternidad Cristiana InterVarsity (Intervarsity Christian Fellowship). Teníamos que convertir el Café Rose City, nuestro programa de entrenamiento para jóvenes sin hogar, en una pequeña empresa como cualquier otro café local. Este cambio significó que el futuro de nuestros ministerios quedaría en las manos de extraños quienes algún día se convertirían en nuestros socios.

Una simple visión de discipulado y asociación nos ha proporcionado un brillante futuro como una iglesia local de vecindario. En el curso de un año después de estos cambios, nuestro impacto en la ciudad se incrementó de una manera drástica. Nos asociamos con numerosos grupos comunitarios. Organizamos eventos comunitarios. Fuimos invitados a dirigir comités de la ciudad. Lideramos el camino en el desarrollo de la comunidad. Nos convertimos en una voz en la mesa con una reputación sólida en nuestra red de la comunidad. Lo mejor de todo, nos convertimos en amigos de nuestros vecinos.

Sí, la cultura que rodea a la iglesia local ha cambiado, pero el futuro está muy lejos de ser deprimente. Conocemos ahora nuestro lugar en la ciudad y en nuestro vecindario también. Se unen a nosotros en busca de discipulado, y nosotros nos unimos a ellos para asociación. Por la gracia de Dios, vamos con ansia hacia otros 120 años como una iglesia local.

 

DAN DAVIDSON es el pastor titular de Rose City Church en Pasadena, California. También dirige el Comité de Comunidad de Fe de la Asociación de Pasadena para Poner fin a la Indigencia.

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