Jesús es la Verdadera Semilla de la Multiplicación

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Las promesas fueron hechas a Abraham y a sus descendientes. La Escritura no nos dice: “y a los descendientes”, como refiriéndose a muchos, sino, “a tu descendencia”, dando a entender uno solo, que es Cristo (Gálatas 3:16).

Mi amigo Ralph era un  seguidor típico de Jesús durante el movimiento Jesus People (Pueblo de Jesús) a fines de los ´60. En 1971, Dios trató con él en el centro de  un concurrido restaurante, y lo llevó a Hermosa Beach para abrir una iglesia. En su primera reunión, estaban: Ralph, su esposa Ruby, Carl, su pequeño hijo de 6 meses de edad y otras nueve personas. Ralph no sabía mucho de lo que debía hacer, lo único que hizo fue predicar a Jesús: A Jesús como Salvador, a Jesús como Rey, a Jesús como Sanador. Ralph discipuló a las personas que lo rodeaban con el mismo tema: Jesús. La iglesia, que recibió el nombre de Hope Chapel (Capilla Esperanza), comenzó a crecer, fue un formato nada complicado con un fuerte énfasis en         —adivinaste— en Jesús.

Ralph comenzó a sentir el llamado a iniciar otras iglesias con el mismo enfoque: Mantenerlas sencillas, hablar sólo de Jesús, hablar acerca de la gente, hablar acerca del Jesús que cambia las vidas de la gente. Habían iniciado ya 29 iglesias cuando Dios le habló de nuevo. Esta vez fue un llamado a dejar lo que ahora era una megaiglesia e irse a iniciar una nueva iglesia. Una vez más. Ralph obedeció la voz del Señor y salió a sembrar la semilla de Jesús en la Isla de Oahu. Actualmente, la capilla Chapel de la Bahía de Kaneohe es una iglesia próspera que ha plantado muchas iglesias que exaltan a Jesús. Pero Ralph ya no es el pastor ahí, porque a los 67 años de edad, en 2013, el Señor lo llamó a plantar Capilla Chapel, Honolulu.

Mientras comíamos juntos el pasado mes,  admitió: “Después que alguien me decía que se habían abierto más de 1,000 iglesias como resultado de aquella primera iglesia en Hermosa Beach, me desperté en medio de la noche, y pensé: ´¿Qué si lo que le he dicho a mis audiencias no fuera verdad?´” En consecuencia, se hizo un estudio para confirmar a todas las iglesias que vieron el principio de su linaje espiritual en aquella primera Capilla Hope. El resultado fue que más de 2,300 iglesias provienen de aquella primera Capilla Hope.

Ralph Moore ahora tiene 70 años, pero no ha abandonado su énfasis en dos cosas—Jesús y la Multiplicación. Ralph diría: La receta secreta no consiste en una buena estrategia, sino en un gran Salvador.

La Semilla de Mostaza

La semilla de mostaza era la semilla de menor tamaño conocida por los jardineros judíos del tiempo de Jesús. Era una semilla muy común, carecía de importancia en todos los sentidos, excepto quizá por su diminuto tamaño. Era una semilla que tenía muchos usos. Sumergida en el vino, la semilla liberaba su especial sabor que luego disfrutaban los paladares de los israelitas. Las semillas machacadas eran utilizadas para extraer el aceite que alimentaba las lámparas para alumbrar los hogares judíos. Casi cada parte de la planta de mostaza era (y sigue siendo) comestible.

Desde antes de Cristo, la planta de mostaza ha sido utilizada para fines medicinales. Las primeras menciones de que se tiene noticia provienen de los escritos griegos hipocráticos. En la forma de pasta de mostaza, era utilizada para calmar en general las molestias musculares, y servía como calmante de los dolores de muelas. También llegó a ser conocida como estimulante del apetito y de la digestión, servía para aliviar la sinusitis, e incrementaba la circulación sanguínea.

Cuando Jesús habló de que el reino de Dios era como una semilla de mostaza (Marcos 4:30-32), posiblemente haya estado pensando en Él mismo. El Rey de este reino. Pudo haber estado recordando las palabras del profeta Isaías. “No había en él belleza ni majestad alguna, su aspecto no era atractivo y nada en su apariencia lo hacía deseable. . .  fue menospreciado, y no lo estimamos” (Isaías 53:2-3).

Jesús fue la semilla menospreciada que creció como una planta joven, se propagó, se multiplicó, y luego llenó la tierra con su descendencia.

La Tribu de la Semilla de Mostaza tiene un enfoque singular en la verdadera semilla—Jesús. Él es el único al que nosotros debemos desear que se multiplique. Si estamos formando un discípulo, queremos ver a Jesús, no a nosotros mismos clonados en el discípulo. Si estamos dirigiendo un grupo pequeño nuestra prioridad no es hacerlo a nuestro modo, es ver a Jesús exaltado. Si estamos realizando un ministerio—sea éste de jóvenes, de alcance,  hacia los indigentes, o de justicia—estamos tratando de ver a Jesús manifestarse. Si estamos plantando iglesias, no es nuestra marca, nuestro grupo de alabanza, nuestro predicador o nuestra etiqueta lo que estamos promoviendo. Es un encuentro profundo con Jesús. Es la única semilla que  podemos permitir que se multiplique.

Es esta falta de suficiente énfasis en la verdadera semilla lo que a veces nos conduce a la magra cosecha que vemos en el ministerio de nuestros ministros e iglesias. Plantamos una semilla diferente a la del verdadero Jesús, luego oramos que crezca y nos preguntamos por qué no lo hace. Como lo dice Pablo en Gálatas 3:16: “La Escritura no dice: ´y a los descendientes´, como refiriéndose a muchos, sino ´a tu descendencia´, dando a entender uno solo, que es Cristo”.

El Apóstol Juan no nos permitiría perdernos el poder de esta semilla verdadera—dice Jesús: “Yo soy el pan de vida” (Juan 6:35); “Yo soy la luz del mundo” (Juan 8:12, 9:5); “Yo soy la puerta” (Juan 10:9) “Yo soy el buen pastor” (Juan 10:11); “Yo soy la resurrección y la vida” (Juan 11:25); “Yo soy el camino, la verdad, y la vida” (Juan 14:6); “Yo soy la vid verdadera” (Juan 15:1). Donde está Jesús, está la vida.

Jesús estaba hablando de la cruz, pero también nos dio un principio espiritual para ministrar, cuando declaró: “Pero yo, cuando sea levantado [la palabra griega usada aquí también significa: ´exaltado´] de la tierra, atraeré a todos a mí mismo” (Juan 12:32).  Esta “atracción” se da cuando la persona exalta a Jesús y no a sí misma, a sus ministerios, o a su iglesia.

Me viene a la mente el incidente de aquel niño que tenía qué recitar una línea en la presentación del drama navideño en su iglesia, pero cuando fue su turno olvidó la línea. Por fortuna, su madre se encontraba en los asientos del frente, y comenzó a susurrarle las palabras de su línea: “Yo soy la luz del mundo”, le dijo con voz muy queda. El niño no escuchó bien, y quedamente también le respondió: “¿Qué, mamá?”. Un poco más fuerte, su madre respondió: “Yo soy la luz del mundo”. Al oírla, el niño se irguió, y con sonora voz, exclamó: “¡Mi mamá es la luz del mundo!”

Hay una luz verdadera, y nosotros no debemos olvidar, ni torcer, ni diluir el mensaje. La única semilla que nosotros queremos que se multiplique es Jesús.

Con esto en mente, podemos considerar otras dos maneras en las que Jesús utiliza el término “semilla”

La primera se encuentra en la parábola que Jesús contó acerca de los cuatro tipos de suelo que encontramos en nuestro proceso de evangelismo y discipulado (Mateo 13:3-9, 18-23). En 13:19, Jesús dice que la semilla es “el mensaje acerca del reino”. En 13:20, la semilla es “la palabra”. Estos son sinónimos en la parábola e identifica lo mismo que Jesús enseñó en Juan 8:32: “Y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres”. Jesús se identifica a Sí mismo como “la verdad” en Juan 14:6.

“El mensaje acerca del reino”,  la “palabra”, y “la verdad”, finalmente cada uno señala a la verdadera semilla—Jesús. La Biblia, sola, no nos puede salvar. La Biblia nos presenta a Jesús, el único que nos salva. Si no nos afianzamos en Jesús cuando predicamos la Palabra, nos perdemos la verdad. Fallamos en pasar la semilla. Demasiados cristianos tratan de usar sus Biblias para probarte algo en lugar de presentarte a alguien.

El segundo uso que Jesús hace de la “semilla” se encuentra en la siguiente parábola que cuenta en Mateo 13:24-30. Es la historia del sembrador que siembra buena semilla, pero luego un enemigo llega de noche y siembra cizaña. Los sirvientes están preparados para quitar toda la cizaña, pero el dueño les dice: “No, esperemos hasta la cosecha porque entonces sabremos cual es cual. En la explicación de la parábola Jesús hace esta declaración: “El campo es el mundo, la buena semilla representa los hijos del reino. La cizaña son las personas que pertenecen al malo (Mateo 13:38).

Los hijos del reino son identificados como “la buena semilla”. La verdad es que tú eres semilla ¡o cizaña!, pero tenemos que estar seguros acerca de por qué somos semilla. No es por causa de la vida intrínseca en nosotros. Más bien es por nuestra habilidad en llevar la buena semilla. Nosotros llegamos a ser “hijos del reino” solamente cuando el Rey toma posesión del castillo de nuestras vidas. La multiplicación del ADN no reside en nuestros talentos, dones, intelecto, fortalezas, atractivos o personalidad carismática. Está presente solamente en la buena semilla.

Este es el ruego apasionado del Apóstol Pablo en Colosenses 1:27-28: “A estos Dios se propuso dar a conocer cuál es la gloriosa riqueza de este misterio entre las naciones, que es Cristo en ustedes, la esperanza de gloria. Este Cristo es el que nosotros proclamamos…“

El misterio del evangelio es que Cristo, la semilla verdadera, puede vivir en, y por medio de nosotros. Esta es la semilla que proclamamos y compartimos con el mundo. Esta es la semilla que se habrá de multiplicar.

 

Imitando a Cristo

Como escribió mi amigo Ralph recientemente en su blog (ralphmoorehawaii.com): “Los cristianos débiles van detrás de lo que está de moda. Los cristianos fuertes se apegan a las fórmulas de Dios y siguen con sus vidas. En verdad, al hacer la imitación de Cristo ´se encuentran a sí mismos´”.

La fórmula para la multiplicación no consiste en el siguiente evento de la iglesia, el modelo más nuevo del siguiente libro. Son personas que “se encuentran a sí mismas” al imitar a Cristo y luego desparraman su contagiosa realidad.

Mi esposa, Deb, es uno de mis héroes, y una verdadera mujer de la Tribu de Semillas de Mostaza. Por todas las partes a las que va, ella lleva a Jesús consigo. No es alguien que se pare a predicar en una esquina para capturar al pueblo con un elocuente mensaje. Ella solo es una persona natural con la gente, siempre buscando la oportunidad de sembrar la semilla de Jesús.

Ocho años atrás, mi esposa y yo comenzamos a alquilar una vieja casa de 103 años de antigüedad en Long Beach, a una profesora universitaria de arte a punto de jubilarse. Es un lugar espacioso que necesita muchas reparaciones, pero ese hecho se desvanece por la magnífica vista que tenemos del Pacífico. Dios milagrosamente abrió las puertas para que nosotros pudiéramos rentar, pues estábamos en el noveno lugar en la línea de solicitantes y buscábamos el precio más bajo que pudiéramos conseguir. Mientras nos instalábamos, le preguntamos al Señor: “¿Qué es lo que tú quieres de nosotros en este lugar?”

No tuvimos que ir muy lejos por la respuesta. Nuestra casera, Tracy, vive encima del garaje detrás de la casa. Tracy literalmente puede ver desde su porche directamente hacia nuestra cocina, y darse cuenta si vamos a comer avena o tocino en el desayuno.

Pero esa realidad podía ser muy negativa, excepto por el hecho de que Tracy se ha hecho nuestra amiga, e incluso miembro de nuestra familia. Tracy ha sido una persona “espiritual”, pero su comprensión acerca de Jesús estaba subdesarrollada. Deb no perdió tiempo para “sembrar la semilla” de Jesús en la vida de Tracy. A través de muchos pequeños detalles, pequeñas acciones y conversaciones, el nivel de confianza comenzó a crecer. Luego Deb organizó un pequeño grupo de mujeres con enfoque en Jesús. Escogió un libro de estudio titulado “Surprised by Hope” (Sorprendida por la Esperanza), de N. T. Wright. Tracy asistió y comenzó a encontrar la semilla verdadera.

Poco a poco Tracy comenzó a asistir a nuestra iglesia. Luego, comenzó a ayudar con nuestro programa del Centro Comunitario de Teatro para niños de bajos recursos. Comenzó a utilizar sus habilidades de diseño. Su círculo de amigas en la iglesia continuó creciendo.

Hace unos meses Deb y yo estábamos en la pila bautismal mientras Tracy públicamente profesaba su compromiso con Jesús como su Señor y Salvador personal. Tracy aún tiene preguntas,  pero de una cosa sí está segura—Ella ha tenido un encuentro con Jesús y su vida ha cambiado. La semilla de Jesús ha brotado y está produciendo nuevo fruto en su vida.

Tres semanas atrás. Nuestro pastor de grupos pequeños le preguntó a Deb: ¿Sabías que Tracy quiere entrar en nuestro programa de entrenamiento para grupos pequeños? Ella quiere compartir a Jesús con otros como ella. El linaje espiritual de Deb se está multiplicando.

La semilla que siembra es Jesús.

Larry Walkemeyer, Min. En D., es el pastor principal de la Confraternidad Cristiana Luz y Vida en Long Beach, California, y es superintendente de la Iglesia Metodista Libre del Sur de California. Este artículo es una adaptación del primer capítulo de su nuevo libro de Periódicos FreeMo: “Multiplicando Ministerios: La Tribu de la Semilla de Mostaza”. Visita fmchr.ch/fmbooks para ordenar tu copia.

 

 

 

 

 

 

 

 

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