Bendecidos Ricamente

JAYOPENERNOV20916

Realmente yo no soy de los que siguen instrucciones. Cualquiera que me conozca lo confirmará. Para mí, seguir instrucciones es difícil porque me inclino a hacer lo que yo quiero.

El problema surge cuando soy llamado a hacer lo que agrada a Dios. Lo que agrada a Dios es que “acumulemos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido carcomen, ni los ladrones se meten a robar” (Mateo 6:20).

No conozco a nadie que se sienta rico. De hecho, toda la idea de riqueza en el mundo occidental está distorsionada. Tendemos a pensar que ser rico significa tener una casa para el verano y una cabaña para el invierno, un buen portafolio, e inversiones bien diversificadas para protegernos de daños económicos, y muchos ceros en nuestra cuenta de banco—por si acaso. Nos resuenan las palabras de Eclesiastés 5:10: “Quien ama el dinero, de dinero no se sacia. Quien ama las riquezas nunca tiene suficiente…”

El resto del mundo piensa que ser rico es tener agua entubada, comida suficiente para comer tres veces al día, educación para los niños y empleo para cubrir los costos básicos de la vida. No estoy insinuando que nos sintamos culpables. Pero quiero que recordemos nuestra abundancia. Podemos no siempre sentirnos ricos cuando se nos agota el dinero ocho días antes del día de pago. Cuando no podemos pagar esa reparación del sistema de frenos de nuestro automóvil. Cuando no nos hemos comprado ropa nueva por un buen tiempo, pero de hecho, hemos prosperado.

“Y Dios puede hacer que toda gracia abunde para ustedes, de manera que siempre, en toda circunstancia, tengan todo lo necesario, y toda buena obra abunde en ustedes… ustedes serán enriquecidos en todo sentido para que en toda ocasión puedan ser generosos, y para que por medio de nosotros la generosidad de ustedes resulte en acciones de gracias a Dios” (2 Corintios 9:8-11).

Por encima de todo, el dinero obliga a una colaboración de nuestra parte que se opone a un compromiso con Dios y Su reino. Quien tiene todo lo que posiblemente pueda necesitar tendrá muchas dificultades para encontrar a Dios.

En las páginas de esta edición encontraremos historias de dar generosamente, y ejemplos de personas que han trasladado el diezmo al siguiente nivel—entendiendo que el diezmo hace un buen piso pero un muy mal cielorraso. También encontraremos nuestra Guía para dar a la Red de Pequeñas Empresas Sustentables y los Ministerios Internacionales de Cuidado Infantil. Aprenderemos a manejar la tensión entre el razonamiento y el riesgo. Descubriremos que a fin de crecer en bondad, hay que rendir cada vez en mayor grado nuestras vidas financieras a Cristo. Después de todo, esto tiene que ver acerca de aumentar nuestra fe por parte del Espíritu de Dios, incrementando nuestra generosidad y diferenciándonos del mundo a fin de convertirnos en algo nuevo.

La Escritura nos dice que somos mayordomos de Dios sobre toda la creación, y que Él quiere que cuidemos los unos de los otros y contribuyamos a salvar al mundo.

JAY CÓRDOVA es un presbítero ordenado que funge como director de comunicaciones en la Iglesia Metodista Libre – USA. Anteriormente trabajó como un iniciador de negocios y entrenador de pequeñas empresas en una desarrolladora en Michigan.

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