Común-Unidad Llena del Espíritu

nov20174

En la reunión de la junta de mi primera iglesia como pastor principal (aunque apenas tenía 23 años), escuché el siguiente reporte: “No perdimos a ningún miembro en este año. No ganamos ningún miembro. No hubo convertidos, ni hubo bautizados. Teníamos 91 miembros al inicio y al final del año. ¡A Dios sea la gloria! Nos hemos sostenido”.

Quedé pasmado. No podía creer que esta comunidad no marchara  ni para atrás ni para adelante. Sencillamente se mantenía, sencillamente sobrevivía. Pensé para mí mismo: “¿Cómo puede esta comunidad ser el cuerpo de Cristo?”

El libro de Los Hechos trata con gran detalle el cumplimiento de la promesa de Jesús de dar a Sus discípulos poder cuando el Espíritu viniera sobre ellos (Hechos 1:8). Este derramamiento del Espíritu Santo fue diferente a todo lo que el pueblo jamás había antes experimentado. Esta experiencia sobrepasó cualquier expectativa previa de conocimiento de cómo obraba Dios desde que el Espíritu sólo había obrado a través de reyes, sacerdotes y profetas específicos. El Espíritu obraba sobre las personas cuando era necesario, pero nunca permanecía. El Espíritu Santo inauguró un nuevo principio con el Pentecostés. La verdad es que hasta que Jesús regrese una vez más, el Espíritu morará y empoderará a todos los creyentes para proclamar el mensaje de Dios. “Estaban todos juntos en el mismo lugar” (Hechos 2:1). Los individuos estaban juntos en oración para obedecer el mandamiento de Jesús (Hechos 1:4; 13-14). Mientras oraban juntos. Hubo manifestaciones de la llegada del Espíritu Santo. Las Escrituras dicen que “vino un viento  como de una violenta ráfaga” (2:2). Ellos vieron lo que parecían lenguas de fuego que se repartían y descansaban sobre cada uno de ellos ¡Sobre todos ellos!—los 12 apóstoles—después que Matías remplazó a Judas en 1:12-16, otros discípulos—hombres y mujeres—fueron llenos con el Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas según el Espíritu los capacitaba (2:3-4).

Los escritos más antiguos prometían el Espíritu en las vidas de los creyentes: “Y sucederá que en los últimos días”, dice Dios—, “que derramaré mi Espíritu sobre todo el género humano. Los hijos y las hijas de ustedes profetizarán, tendrán visiones los jóvenes y sueños los ancianos. En esos días derramaré mi Espíritu aún sobre mis siervos y mis siervas, y profetizarán” (Hechos 2:17-18, refiriéndose a Joel 2:28-29), Pedro traslada el mensaje hasta la casa: “Y todo el que invoque el nombre del Señor será salvo” (Hechos 2:21).

En este punto, la historia más grande en la Biblia comienza a tener sentido. El Señor es la única fuente para la salvación. Ahora el Señor ha venido en un hombre llamado Jesús. Pedro le recuerda a la multitud reunida de los milagros de Jesús, y de que ellos lo crucificaron y lo rechazaron. Pero Su resurrección es un testamento de la voluntad de Dios (2:20-24). Jesús ahora está sentado a la diestra de Dios, donde Él ha recibido del Padre al Espíritu Santo y lo ha puesto al alcance del pueblo que ahora lo ve y lo escucha (2:33). Pedro hace a toda la multitud un llamado al arrepentimiento y al bautismo, y fija los parámetros para el acto de demostrar una acción física externa que corresponde a una acción interna y espiritual de recibir la gracia  la misericordia de Dios. Tanto el perdón como el arrepentimiento son efectivos solamente en el nombre de Jesús, y en Su poder y autoridad. Pedro llama a la multitud que está reunida “a ser salvos de esta perversa generación” (2:40). Luego, aquellos que aceptaron y fueron bautizados fueron añadidos a sus números, ¡Como tres mil sólo en aquel día! (2:41).

Estos nuevos cristianos fueron transformados. Hechos 2:42-47 describe las vidas en las cuales el Espíritu es evidente y la transformación se efectúa. La devoción a la enseñanza de los Apóstoles era ferviente en esta comunidad. La multitud luego se dedica a la comunión (2:42). La verdadera comunidad toma lugar en la comunión.

La Primera Comunidad

Para entender a una comunidad en su totalidad, necesitamos considerar a la primera comunidad. Definiré a una “comunidad” como personas interdependientes que tienen características particulares en  común. La primera comunidad que viene a mi mente es la Trinidad de Dios. Dios es tres partes iguales: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Nadie y nada más es como Él — una unidad interdependiente con una “comunalidad”.

Ahora, la mayoría de las comunidades tienen una meta compartida. La Trinidad comparte la meta de crear oportunidades de alabanza y adoración. Esta comunalidad la vemos muchas veces en el libro del Génesis. En el principio, Dios [los tres en uno] creó los cielos y la tierra (Génesis 1:1). Luego Dios le dio forma a la tierra y separó la luz y las tinieblas, y por primera vez según registros, El Espíritu de Dios se manifestó en la tierra (1:2). El Espíritu de Dios era impulsado hacia la tierra desde el principio. Dios crea el firmamento, el agua, las plantas, las criaturas vivientes, y eventualmente, al hombre: “Hagamos al ser humano a nuestra imagen y semejanza” (1:26).

Fuimos hechos de la primera comunidad, para la comunidad y en comunidad. La humanidad fue hecha a la imagen del Creador para poder señorear sobre los peces del mar, las aves del cielo, el ganado, los animales y sobre todas las criaturas que se mueven sobre la tierra con un propósito. Ese propósito es reunir toda la creación en comunidad con la comunidad de Dios, para darle la honra, gloria y adoración a la comunidad colectiva de Dios (1:28-31, el Reino del reino recién creado.

Comunidad Rota y Restaurada

La historia da un giro de eventos en los que un hombre y una mujer—creados como compañeros en comunidad uno con la otra—rompen la unidad común de Dios (Génesis 3). La unidad común. La unidad comúnmente calculable con Dios [el Creador de todos y originador de la comunidad] es dañada con el distanciamiento de la comunidad de Dios y la comunidad de la humanidad. Este distanciamiento es el resultado de la desconfianza, de haberse salido de la línea, y de la duda en la comunidad de Dios por la comunidad de la humanidad. La distancia de esta incertidumbre (falta de fe), hizo que la humanidad tuviera temor y se ocultara de la comunidad de Dios (Génesis 3:10) A partir de ese momento, la comunidad de la humanidad quedó separada de la comunidad de Dios debido al temor y a la distancia a consecuencia de las conductas pecaminosas. Para volver a la relación correcta (de justicia y santidad), a la unidad común entre Dios y el hombre, un hombre sin pecado (representante tanto del hombre como de Dios en partes iguales) tenía que ser sacrificado (privado de la vida) y resucitado a fin de restaurar el orden de una meta común: darle honor, gloria y adoración de vuelta a la comunidad original comunidad de Dios (el Hacedor de todas las cosas y el Rey de todos).

Transportándonos directamente a las comunidades de la humanidad tratando de acercarse a Dios pero sin éxito debido al pecado. El Mesías (libertador) ha llegado, según los escritos antiguos, ha cumplido la profecía de acuerdo al conocimiento heredado de generación en generación. Él ha ascendido a la diestra de la comunidad de Dios. Jesús envía al Espíritu Santo para estar en común-unidad con el pueblo de Dios, la comunidad de la humanidad, para volver a la unidad una vez más entre Dios y la humanidad (Romanos 12:13; 2 Corintios 9:12-13). Una vez más, el Espíritu Santo se cierne sobre toda la tierra al morar en la humanidad. Los Apóstoles ahora son llenos con el Espíritu de Dios y crean una nueva comunidad (unidad-común) entre las multitudes que están recibiendo el Espíritu de Dios. Ahora la comunión era expresada de dos maneras. Primera: Los cristianos (seguidores de Jesús) se preocupan los unos por los otros (una prueba de su relación con Cristo) en unidad-común de unos con otros (Hechos 2:46) a través de la mayordomía y la generosidad (Hechos 4:32-35). Segunda, ellos comparten una devoción por la adoración a la comunidad de Dios. Cada día, la comunidad de creyentes se reúne para orar y adorar (Hechos 2:46-47). La comunidad entre la iglesia y el Espíritu Santo era un vínculo tan fuerte que se hizo algo infeccioso a los que eran extraños a la comunidad. En consecuencia, muchos se llenaron de asombro, y muchas maravillas y milagros fueron hechos por los que fueron llenos del Espíritu de Dios. Su adoración era de un corazón y un alma, y muchos más fueron atraídos a la comunidad de la iglesia de Jesucristo (Hechos 2:47).

La visión de nuestra iglesia es “llevar sanidad al mundo por medio de comunidades bíblicas sanas de gente santa multiplicando discípulos, líderes, grupos e iglesias”. A lo largo de todo este número, encontrarás muchas maneras en las que tu comunidad se puede conectar a la obra de Dios que ya está realizando local y globalmente. Fuimos creados para estar en unidad con Dios, haciendo Su obra en la tierra.

Jay Cordova es un presbítero ordenado que sirve como director de comunicaciones de la Iglesia Metodista Libre – USA. Anteriormente trabajó como empresario iniciador de negocios y asesoró pequeños negocios en una incubadora de Míchigan.

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