El Patio Posterior de tu Casa

nov20172

Yo tengo un pequeño patio trasero. Me tardo unos tres minutos cortando el césped. Me tardo más en apagar la máquina cortadora que lo que duro cortando el césped. Eso me permite mantener corto el césped y limpio el patio. Pero más allá del límite de mi patio, está el callejón. . . .  Y allí es donde reside el problema. Ni yo ni mis vecinos nos sentimos responsables por el callejón. Es tierra de nadie y fácilmente se llena de maleza, lleno de basura, sucio. ¿Pero es mi problema? ¿Por qué debo de sentirme responsable de limpiarlo?

Mientras pienso en nuestras comunidades como este número de Luz y Vida, surge la pregunta: “¿Y dónde termina mi patio trasero?” O sea: ¿Quién es mi comunidad? ¿Por qué me debo preocupar puesto que no es parte de mi patio? Supongo que la respuesta segura “y de iglesia”, es que todo el mundo es nuestra comunidad. Eso es una reminiscencia de la proclamación de Juan Wesley de que “todo el mundo es mi parroquia” Pero tú recordarás que Wesley dijo eso en defensa de la predicación al aire libre, no como un mandato para las misiones mundiales.

Probablemente sea más útil pensar en tu comunidad como una serie de círculos concéntricos: como la promesa de la segunda parte de Hechos 1:8: “…y me serán testigos acerca de mí, diciéndoles a todas las personas en todas partes—en Jerusalén, por toda Judea, Samaria, y hasta los confines de la tierra” (traducción libre). El círculo más pequeño es Jerusalén, nuestra comunidad inmediata, con círculos sucesivos cada vez más grandes, terminando con “los confines de la tierra”. Todos esos círculos son nuestra comunidad, en varios grados de proximidad.

Irónicamente, una de las mejores maneras de alcanzar nuestras comunidades cercanas es tu comunidad de “los confines de la tierra” El pueblo de Dios siempre se ha desempeñado muy bien cuando participa con Él en Su plan de salvar al mundo. La iglesia no existe solo por sí misma; existe también para los de afuera de la iglesia. ¡Qué organización tan extraña! ¿No lo crees?

Puede ser que esta verdad te haga recordar al famoso William Temple, que dijo: “La iglesia es la única organización que no existe por sí misma, sino por todos los que están fuera de ella”. Si eso también en parte es cierto, entonces debemos ser tan sabios como para involucrarnos simultáneamente en todos los círculos concéntricos de nuestra comunidad. No se nos dice que alcancemos a toda Jerusalén antes de involucrarnos en el siguiente círculo hacia afuera. Estos no son círculos para ser alcanzados en forma secuencial. De hecho, nos damos cuenta que las auténticas expresiones de cuidado comunal deben ir más allá de la naturaleza egoísta del círculo más pequeño de la comunidad. Cuando yo corto sólo el césped de mi patio pero descuido el callejón y áreas circundantes. No impacto a nadie más aparte de mi pequeño patio trasero.

Notemos también la primera parte de ese versículo de Hechos 1:8: “Pero recibirán poder cuando el Espíritu Santo descienda sobre ustedes”. Es solo cuando somos empoderados por el Espíritu Santo que podemos ser testigos a nuestro patio trasero siempre en expansión. De otra manera, como yo que me inclino sobre mi cerco contemplando lánguidamente mi callejón. Nos fijamos en las abrumadoras necesidades y oportunidades de nuestra región, nación, o globo, y luego volvemos a nuestros pequeños patios. Limitando nuestro esfuerzo a nuestra más pequeña e inmediata comunidad. En el peor de los escenarios, estamos ministrando solo a los del interior de nuestra iglesia, obviamente lejos del clamor de la visión de Jesús en Hechos 1:8.

¿Puedo ser tan atrevido como para sugerir una relación entre gran parte de este poder que tenemos y hasta qué grado nos marchitaremos ante la inmensidad del mundo? ¿Será que hemos caído en una rutina, nos hemos domesticado y hemos encogido el poder de Dios? ¿Cuándo fue la última vez que viste un fluir del poder del Espíritu Santo? Sólo queda la razón de que no seremos testigos efectivos regional, nacional y globalmente si todo lo que tenemos que ofrecer es una iglesia decente con una predicación decente y música decente.

¿Está o no está el poder de Dios allí? ¿Está o no está el poder de Dios activo en mi vida? Muchas personas de nuestra tradición, en una reacción a los excesos de la tradición pentecostal, deciden definir ese poder como un poder transformador. Ellos dicen que la verdadera evidencia del poder del Espíritu Santo es una vida transformada, no alguna manifestación sobrenatural y espectacular. Yo me encuentro entre los que están de acuerdo, pero no es toda la verdad, no corresponde totalmente a lo que dice el registro en los capítulos subsiguientes del libro de Los Hechos.  Sí, la vida transformada es una evidencia del poder del Espíritu Santo, pero también debemos esperar la clase de innegables manifestaciones del Espíritu de Dios entre nosotros, de modo que podamos tener un testimonio efectivo en nuestra comunidad, cercana y lejana.

Nosotros sabemos por experiencia, que Dios nos llama a dar más de nosotros mismos. Debemos depender de Su poder. Eso no es un error infortunado. Es un corolario necesario. La dirección de Dios demanda que dependamos de Él, es por eso que está más allá de nosotros mismos Si fuéramos capaces totalmente de lo que Él nos está llamando a hacer, no necesitaríamos de Él, y podríamos derrotar gran parte de Su llamado.

Como podemos ver, Dios no nos llama porque Él sea incapaz por Sí mismo de salvar al mundo. Él nos llama para participar con Él porque eso es parte de nuestra salvación. O sea, a eso debemos la experiencia del gozo de la confianza, fe y dependencia. Si sólo intentamos cosas que son de nuestro propio rango, control y poder, no nos estamos inclinando en la potencia del Divino. Inadvertidamente estamos proclamando una blasfemia: que nosotros somos el salvador, si sólo intentamos cosas que podemos hacer con nuestras propias fuerzas.  Creemos que si lo podemos hacer, somos el salvador—y eso es una blasfemia.

Hay una tienda cerca de mi casa que contrata personas para que se paren en una esquina de la calle y ondeen un anuncio. Ellas tienen que estarse moviendo continuamente para evitar ser sancionados por tener un anuncio por escrito. Con un gran gasto de energías, la persona que lleva el anuncio, la persona se mueve continuamente, girando, saltando, caminando, dándose vuelta moviendo el anuncio. Todo esto esperando captar la atención del ojo de algún conductor. No tenemos manera de saber si el portador del anuncio es un verdadero creyente en la tienda. Lo que inicialmente capta nuestra atención es el movimiento.

Así sucede con nosotros. Somos los portadores del anuncio que saltan y hacen giros: Dios invita a nuestras iglesias a Su plan de salvación de todo. Jesús ha abierto el camino y Jesús es el camino. Nosotros somos los que agitamos el anuncio. El poder del Espíritu es lo que nos hace ser portadores exitosos del anuncio. Eso es lo que ayuda a la gente que nos ve. Esa es la manera en que los guiamos hacia su transformación por Su gracia.

El Obispo David Roller sirvió por 17 años como misionero en México, y por 10 años como Director del Área Latinoamericana de Misiones Mundiales. Fue elegido como obispo por primera vez en 2007.

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