Llevando la Paz al Mundo

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Como cristianos, tenemos dos cosas en tensión todo el tiempo: Nuestro deseo de ser conocidos y ser amados, y el conocimiento de que somos conocidos y amados por Dios. El deseo es bueno. Ser humano, ser creación de Dios, es desear relación. Una medida de nuestra humanidad es nuestra capacidad de conectarnos con estos deseos. Sin embargo, también con demasiada frecuencia nos volvemos a las cosas equivocadas para calcular cómo recibir esa relación. Por medio del profeta Jeremías, Dios dijo: “Dos son los pecados que ha cometido mi pueblo: Me han abandonado a mí, fuente de agua viva, y han cavado sus propias cisternas, cisternas rotas que no retienen agua” (Jeremías 2:13).

El problema inicia cuando convertimos el deseo de ser conocidos en una demanda. Tratamos de controlar los lugares en los que recibimos afirmación, y tratamos de evitar los lugares en los que nos sentimos inadecuados o rechazados. Un gran ejemplo de esto lo son las redes sociales, donde nosotros podemos introducir lo que queramos y enmudecer en lo que no queremos. Controlamos lo que otros ven de nosotros y recibimos solo lo positivo. Esta demanda (y el control que viene con ella) es la muerte de la relación. Es la cisterna rota que nunca quita la sed y nunca alcanza lo que nosotros queremos que alcance.

La clave, como lo es a menudo, está en las palabras de Jesús: “Dichosos son los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios” (Mateo 5:9).

Como hijos de Dios, traemos la paz con nosotros—paz que descansa en el conocimiento de que somos conocidos y amados por Dios. Esta paz nos permite desechar la demanda y el control, y beber hasta saciarnos de la relación que fluye de la fuente de agua vida. Esta paz nos libera de buscar justicia para nosotros mismos, y nos impulsa hacia el servicio a otros. Jesús nos demostró muchas veces y de muchas maneras esta paz en acción. Veamos estos ejemplos:

Primero, y quizás lo más difícil para nosotros, Jesús nos mostró esta paz cuando fue acusado falsamente. Una y otra vez, vemos callado a Jesús delante de Sus acusadores. La acción por medio de la inacción, y paz en su relación con el Padre lleva al silencio delante del pueblo en Su propia aldea de origen, silencio delante de Pilato, y silencio incluso en la cruz. Con mucha frecuencia nos sentimos como si tuviéramos qué defendernos y tener éxito sólo en introducir la cuña de manera más profunda. La invitación aquí es tener el deseo de estar tristes en la relación, y confiar en que Dios es nuestro defensor.

Segundo, Jesús nos mostró paz en medio de Sus temores. Cuando los discípulos estaban aterrorizados en la tormenta, Jesús responde, pero no calmando la tempestad inmediatamente, sino preguntando: “¿Por qué tienen tanto miedo? (Marcos 4:40). Él los invita a tener paz porque Él está allí. La paz viene cuando Jesús está cerca. Cuando respondemos con temor, cuando el pánico nos invade y tomamos la situación en nuestras propias manos. Cuando clamamos en medio de la tormenta, Jesús dice: “Paz, yo estoy cerca”.
Tercero, Jesús nos muestra la paz al romper con las normas sociales por el bien del evangelio. Vemos a Jesús invitando a los niños a venir a Él, comer con los “pecadores”, Hablar con la Samaritana al lado del pozo, y tocar a los enfermos. Él habla con las personas marginadas de la sociedad, y las invita a una relación con él. Para Jesús, el resultado no es “paz” y calma en Su vida sino acusación notoriedad y finalmente muerte en la cruz. La fe que tenemos en Jesús y el conocimiento de que somos conocidos y amados, debe invitarnos a estos lugares, lo mismo que Jesús.

Nuestra relación siempre estará en agitación. Nuestro mundo siempre estará roto. Hay quienes siempre toman ventaja de los oprimidos, y usan su vocabulario para deshumanizar a los necesitados. Nosotros podemos llevar paz a donde hay confusión y esperanza a los quebrantados. Pero el principio de todo es creer que somos conocidos y amados por Dios. Recibir esa paz y llevarla al mundo es lo que nos identifica como hijos de Dios.

En esta edición, continuamos con nuestra serie sobre las Bienaventuranzas con Mateo 5:9. El anteriormente Editor Principal, Doug Newton regresa a nuestra revista y escribe acerca de la mejor manera de llevar paz y justicia social, el Obispo David Roller nos invita a examinar nuestro rol como pacificadores, y Jada y Jon Swanson comparten el concepto igualitario que promueve la paz y la igualdad en el matrimonio. Entérate cómo John M. Perkins vive la vida de pacificador, recibe la invitación de Lexi Baysinger, de llevar paz y verdad a conversaciones sobre injusticia, y no te olvides de examinar la obra de arte para este número, de Trent Thompson.

Mark Crawford es escritor permanente de Luz y Vida. Reside en Tucson, Arizona.

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