Llevando el Fruto del Espíritu

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¿Qué sería mejor? ¿Librar al corazón humano de sus tendencias egoístas y pecaminosas o llenarlo con amor, gozo, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fe, mansedumbre y dominio propio? Entonces, ¿son estas alternativas legítimas? ¿Alguna de las alternativas es posible?

Algunos seguidores de Jesús creen que el egoísmo y el pecado están tan arraigados en el corazón humano, que lo mejor que podemos hacer, con la ayuda de Dios, es evitar arrebatos evidentes de pensamiento, sentimiento, acción y reacción malvados. Otros seguidores de Jesús, creen que el Espíritu de Dios puede llenar nuestros corazones de tal manera que seamos liberados del egocentrismo, para una vida de amor por el otro. ¿Qué alternativa refleja mejor los planes y provisiones de Dios para nosotros?
Al responder estas preguntas, debemos observar cómo enmarcamos las alternativas. Por un lado, no estamos condenados a estar indefensos y sin esperanza, atados por nuestro pecado, hasta que muramos. Claramente, Jesús nos llama al discipulado, con poder del Espíritu, que nos hace personas buenas y verdaderas, cuyas vidas dan buenos frutos. Es por eso que Jesús habló clara y consistentemente acerca de convertirnos en la clase de personas de cuyos corazones fluyen (sobre) naturalmente los dones del Espíritu Santo (Lucas 6: 43–46). De hecho, Jesús nos llama a vivir como Él vivió, con su Espíritu trabajando en y a través de nosotros. Ese es el punto central de llamar a la gente a seguirlo, que puedan llegar a ser como Jesús, su maestro (Lucas 6:40).

Por otro lado, no debemos esperar ser perfectos, sin ningún pecado. El apóstol Juan escribió una carta a sus amigos en Cristo, para ayudarles a no pecar (1 Juan 2:1). Ciertamente, Juan esperaba que esto fuera posible y normativo, especialmente para aquellos que están llenos y guiados por el Espíritu Santo. De lo contrario, ¿para qué molestarse en escribir con tal propósito? Aun así, Juan continúa su pensamiento diciendo: “pero si alguno peca, tenemos un abogado que defiende nuestro caso ante el Padre. Es Jesucristo, el que es verdaderamente justo. Él mismo es el sacrificio que pagó por nuestros pecados, y no solo los nuestros sino también los de todo el mundo.”(1 Juan 2: 1-2 NTV).

Por lo tanto, si bien no podemos esperar ser impecables, podemos esperar estar libres de la esclavitud a nuestro egocentrismo natural, y a la preocupación. Esperamos vivir sin pecado tal en nuestras vidas. Debemos anticipar la libertad de no vivir centrados en nosotros mismos y la libertad para vivir con Dios en el centro. ¡Esperamos adecuadamente esta libertad de… ¡y la libertad para…!
Por supuesto, el maligno se deleita en el engaño y el desaliento. Primero, sugiere que apuntemos bajo y nos conformemos con un impacto mínimo del poder y el amor de Dios. (Incluso podría intentar pasar esto como “humildad”.) Pero si eso no funciona, es igual de feliz cuando nos imaginamos incapaces de cometer un “pecado grande”. Sin embargo, debemos definir lo que significa “grande”.
O nos conformamos con menos de lo que Dios ofrece, o nos imaginamos incapaces de ser realmente malos. ¿Por qué caemos presa de tales falsas alternativas? Es porque tendemos a compararnos con los demás y no con Jesús, el ser humano verdadero y perfecto. Y es porque no confiamos en que Dios puede hacer todo lo que Él prometió hacer.

¿Qué ha prometido hacer Dios? Según Jesús, Dios derrama sobre nosotros el Espíritu Santo y nos llena de Él, quien nos renueva de adentro hacia afuera. Como resultado, nuestra persona interior se convierte en una fuente del fruto del Espíritu: amor, gozo, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fe, mansedumbre y dominio propio. El Espíritu nos revelará la persona y el camino de Jesús, nos hará recordarlo y nos capacitará para vivir nuestra vida cotidiana a Su manera.

Entonces, ¿cómo actúa Dios en nuestras vidas para conformarnos al carácter de Jesús y cultivar el fruto del Espíritu dentro de nosotros? En las enseñanzas de Pablo, leemos un patrón a seguir cuando buscamos que Dios trabaje de esta manera dentro de nosotros. Debemos dar muerte a la manera en que solíamos vivir antes de que Jesús se convirtiera en nuestro Señor y Salvador. Decir “¡No!” a las actitudes, deseos, reacciones, palabras, pensamientos y acciones que son contrarias a la vida de Jesús. Pablo habla de esto en términos aún más radicales. Cuando nos comprometemos a seguir a Jesús, aceptamos su muerte como nuestra muerte, tanto la muerte a la que conduce nuestro propio pecado, como también la muerte de ese pecado y su retención en nuestras vidas (Gálatas 5:19-21). En cierto sentido, cuando pertenecemos a Cristo, clavamos nuestra antigua forma de vida en la cruz y morimos con Cristo (Gálatas 5:24).

Hacemos esto porque el Espíritu de Dios nos ha dado poder para hacerlo. De hecho, el Espíritu renueva nuestras mentes, revela cómo se supone que es y puede ser la vida, y nos acerca a la nueva forma de vida que vemos en Jesús (Efesios 4:23).

Entonces, debemos abrazar completamente esa nueva forma de vida. Es la vida para la que fuimos creados, la vida que Jesús vivió y que ahora está a nuestro alcance por el poder del Espíritu Santo (Efesios 4:23–24,30; 5:2). Dios no nos vestirá en contra de nuestra voluntad, pero si nos capacitará para rechazar de manera decisiva el antiguo camino y caminar poderosamente en el nuevo, que es el modo en que Jesús mismo vivió.

Si estamos llenos del Espíritu, tendremos la autoridad y el poder para abrazar esa nueva forma de vida. Si estamos llenos del Espíritu, podemos seguirle el paso al Espíritu y dar la bienvenida a su obra para que produzca el fruto dentro de nosotros (Gálatas 5: 22–23). Como dice Pablo: “Ya que vivimos por el Espíritu, sigamos la guía del Espíritu en cada parte de nuestras vidas” (Gálatas 5:25 NTV).

Muchos seguidores de Jesús realmente no saben o no creen que tal vida es posible. Sin embargo, no solo es posible; es normal. Y muchos seguidores que saben que es posible, aún tienen que confiar en Dios para hacer lo que Dios promete hacer. Si eso te describe, ¿por qué no le pides a Dios y luego confías en que Dios hará lo que Él claramente ha prometido hacer? ¿Y por qué no preguntar y buscar ahora?
El obispo David Kendall es un presbítero ordenado en la Conferencia “Great Plains” y fue elegido por primera vez para el cargo de obispo Metodista Libre en el 2005. Es autor del libro “God’s Call to Be Like Jesus” (El llamado de Dios para ser como Jesús) (fmchr.ch/godscalldk) y es co-autor de “The Female Pastor: Is There Room for She in Shepherd?” (La Pastora: ¿Hay Lugar para ella en el Rebaño?) (fmchr.ch/fpsisdk).

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