Pasteles de Fruta, Política y Paz

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Soy fan de la mayoría de las golosinas, a diferencia de mi padre, nunca he sido fan de los pasteles de fruta, y me gustan los pasteles pero no realmente los de frutas. Posiblemente mi problema sea que prefiero la fruta fresca, y el diccionario define un pastel de frutas como “un rico pastel que contiene pepitas, frutas secas o endulzadas, y especias.

Esta edición de Luz y Vida se enfoca en el “fruto del Espíritu. . . amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio” (Gálatas 5:22-23). Aunque el versículo 23 continúa con: “No hay ley que condene estas cosas”, este fruto parece ser muy escaso en algunas personas que afirman ser seguidores de Jesucristo. Posiblemente este fruto no ha desaparecido completamente, sino que se ha secado y dejado atrás su fecha de caducidad. Es posible que el fruto pueda llevar una etiqueta que diga “endulzado”, pero aun así no parece tener atractivo para otros.

Estando de vacaciones hace un par de años, mi familia y yo comimos en un restaurant familiar que imprimía versículos bíblicos en su menú, y vendía libros cristianos en su tienda de regalos adyacente. Regresamos al restaurante cuando visitamos recientemente esa misma región. Entremos y encontramos personas esperando conseguir lugar, pero una mesera comenzó a guiarnos a una mesa antes de darse cuenta que nos había confundido con otros clientes que habían llegado antes. El gerente del restaurante se molestó y luego se refirió a sus empleados (no solo a la que había cometido el error) con un insulto a personas de ascendencia polaca. A pesar de las trampas de un negocio propiedad de un cristiano, el fruto del Espíritu no parecía estar presente.

Escribo este artículo unos días antes de la elección del 6 d noviembre, y he sido bombardeado con algunos de los más molestos comerciales políticos que he visto en mis cuatro décadas sobre este planeta. Yo resido en Indiana donde la mayoría de los candidatos profesan la fe cristiana, pero no veo el fruto del Espíritu en los anuncios de la campaña. No soy el único. Hace unas horas, recibí un boletín de prensa sobre un estudio de la Sociedad Bíblica Americana, que reveló que “un abrumador 90 por ciento de los estadounidenses creen que los oficiales elegidos deben mostrar la paz, amabilidad, bondad y dominio propio. Estas cualidades, conocidas como el ´fruto del Espíritu´ se describen en la Biblia como algo necesario para vivir una vida ejemplar—algo que la mayoría de los estadounidenses creen que los políticos deben esforzarse por emular, pero sólo un 26 por ciento creen que lo están haciendo” (fmchr.ch/abspol).

No solo los políticos son los que no demuestran el fruto del Espíritu en sus discursos públicos. Los argumentos políticos se pueden transforman en insultos personales fácilmente en la mesa de nuestro comedor o en Facebook. Confieso que ya tarde una noche hace unos meses, yo escribí un comentario a una publicación en Facebook de un familiar sobre un político. Rápidamente reconsideré mi acción y borré mi comentario porque me di cuenta que no serían de ningún beneficio. Espero que mi pariente ya estuviera dormido y que nunca haya leído mis comentarios.

Por favor, no me mal interpreten este artículo como que estoy diciendo que los cristianos deben evitar la política, (o manejar restaurantes). B.T. Roberts—el principal fundador de la Iglesia Metodista Libre y su predecesor como editor de esta revista—eran políticamente activos y levantaban la voz en contra de la esclavitud y por los derechos de los campesinos. Me gustaría ver a mujeres y hombres piadosos aspirar a cargos políticos en ambos partidos políticos principales, y me encantaría verlos llevar su campaña respetuosamente explicando los valores detrás de sus conceptos. Mi punto es que: “ya sea que coman o beban o hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios” (1 Corintios 10:31)

No estoy condenando a otras personas en este escrito, porque puedo pensar de muchas veces en mi vida en las que he fallado en mostrar el fruto del Espíritu. Estoy convencido mientras leo estas palabras de Aquel cuyo nacimiento celebramos en este mes, que “Un árbol bueno no puede dar fruto malo no puede dar fruto bueno. Todo árbol que no da buen fruto se corta y se arroja al fuego. Así que por sus frutos los conocerán” (Mateo 7:28-20.

¿Cómo podemos asegurar que vivimos con los frutos del Espíritu? Sigue leyendo para escuchar el consejo de algunos productivos expertos y lee también sobre personas que están produciendo fruto y abrazando a personas de todos los trasfondos y compartiendo su fe con ellos, o ayudándolos a crecer como discípulos del Príncipe de Paz (Isaías 9:6). Que nuestro compromiso a Cristo y nuestra demostración del fruto del Espíritu traiga “gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a todos los que gozan de su buena voluntad” (Lucas 2:14).

Jeff Finley es el editor ejecutivo de Luz y Vida, a la que se unió en 2011 después de haber trabajado como reportero y editor para el Sun-Times Media.

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