Confianza y Diversidad en la Comunidad de Cristo

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Dos presbíteros Metodistas Libres eran el centro de atención cuando más de 2,000 personas de múltiples denominaciones Wesleyanas se reunieron para la Conferencia Aposento Nuevo de este año en Brentwood, Tennesee. En medio de un programa saturado con autores bien conocidos, teólogos y músicos. Derrick Shields y Keith Cowart compartieron sobre la transición pastoral en la Iglesia de la Comunidad de Cristo, en Columbus, Georgia.

Shields, uno de los miembros del personal de la congregación Metodista Libre desde 2011, y pastor ejecutivo desde 2014, tomó posesión el 28 de octubre como nuevo pastor principal. Cowart, pastor fundador de la iglesia, será el nuevo superintendente de la Región Sureste de la Iglesia Metodista Libre el 1 de enero, después de la jubilación de Darrel Riley. Shields es un afro-americano, y Cowart, de raza blanca.

“La historia de Amistad y liderazgo de estos dos juntos es una historia que nos moríamos porque ustedes la escucharan, y especialmente la manera en la que han envuelto tan hermoso ejemplo de amistad atravesando la línea de la raza”, dijo el Director Ejecutivo de Aposento Nuevo, David Thomas al presentar a Shields y Cowart.

Shields nació en Louisiana y creció en Coffeville, Mississippi, a donde la integración llegó en los 70, cuando ingresó a la Escuela Preparatoria Central, que había atendido a estudiantes afroamericanos, fue transformada en una escuela elemental, y se suponía que todos los estudiantes de preparatoria asistirían a la Escuela Preparatoria de Coffeville, que previamente había sido limitada a estudiantes de raza blanca.

“Mis padres decidieron ponerse en contra lo que había en la comunidad negra, que era un boicot para la escuela por la manera en que se estaba haciendo”. Dice Shields. “Salí de la escuela preparatoria en la que todos éramos negros, a una escuela preparatoria con sólo un puñado de estudiantes negros en esta escuela predominantemente blanca. Esa fue mi introducción a la integración, y era la primera vez que era parte del marco de una mayoría blanca en mi vida”.

Shields dice que la experiencia fue traumática. Él tenía algunos maestros que lo apoyaron y le dieron ánimo, pero se sentía frustrado de que la Escuela Preparatoria d Coffeville hubiera ignorado cualquier referencia a la Preparatoria Central.

“Aquel fue un momento definitorio—Darte cuenta de que toda tu historia podía ser borrada; ninguna foto de equipos deportivos, ningún trofeo. . . . nada de la Preparatoria Central”, dice Shields. “Es como si el Campus de la Preparatoria Central nunca hubiera existido, y nadie decía una sola palabra al respecto”.

Las experiencias de la adolescencia de Shields continuaron conformándolo como un adulto, y se preguntaba si le permitirían ser considerado para el rol de pastor principal de la Iglesia de la Comunidad de Cristo.

“Es asombroso cómo cosas así se quedan contigo, y le das lugar en tu vida a alguna amargura. Albergas algún dolor y algo de ira”, dice Shields.

Hace algunos meses, Shields compartió en un sermón sobre cómo Coffeville manejó la integración de la escuela preparatoria.

“Mientras hablaba, era como si el Espíritu Santo me recordara: ´Esa es la razón por qué tienes problemas en confiar en la gente de raza blanca hasta este día, por lo que tú experimentaste allí´”, Dice Shields: “En los pocos minutos que compartí aquello esa mañana de domingo, es como si hubiera caído sanidad sobre mí, porque estaba en un espacio propicio como para contar lo que había sido mi experiencia”.

Cowart también creció asistiendo en las escuelas recién integradas. Como atleta que era, experimentó la unidad racial en el diamante de béisbol y en el campo de futbol. Todos parecían estar contentos en la escuela, pero esa armonía no se reflejaba más allá en la esfera de la comunidad.

“Nunca sacamos la relación del salón de clase para el resto de nuestras vidas. Íbamos juntoa a la escuela. Nunca nos juntamos durante los fines de semana. Nunca comimos juntos si no era en la escuela”, dice Cowart: “Yo nunca tuve un amigo afroamericano que viniera a mi casa; yo nunca fui a la casa de alguno”.

En el seminario, Cowart leyó: “Que ruede la Justicia” por el líder de los derechos civiles John Perkins. “Eso absolutamente rompió mi corazón. Me di cuenta que había vivido entre afroamericanos toda mi vida, y ni siquiera los conocía”, dice Cowart: Yo no entendía la historia de ellos. Nunca habíamos compartido la vida juntos”.

Dejó el seminario creyendo que Dios quería que rompiera las barreras raciales. Durante su primer cargo pastoral, comenzó un ministerio de alcance por la falta de jóvenes en la iglesia, pero el presidente y el tesorero se molestaron por los jóvenes afroamericanos que jugaban basketbol en la iglesia y les dijeron que se fueran. Cowart apeló a una reunión de la junta con toda la iglesia, y también predicó un sermón titulado: “¿De Quién es Esta Iglesia?”

“Yo oraba, y creía que llegaría el avivamiento”, Recuerda Cowart: “Slgo sucedió, pero no era un avivamiento”.

Unas semanas después, Cowart fue transferido a otra congregación. Cinco años después, se unió a la denominación Metodista Libre y plantó la Iglesia de la Comunidad de Cristo, con la diversidad como un valor central.

Cowart dijo que las Iglesias multiculturales deben tener el deseo de celebrar verdaderas conversaciones aunque les sean incómodas.

“Una de las cosas que tenemos que abandoner para poder tener diversidad en la iglesia es que tenemos que dejar la comodidad y la familiaridad de una comunidad homogénea. Hay una razón por qué el principio de homogeneidad era una roca para el movimiento de crecimiento en la iglesia”, dice Cowart: “Es más fácil vivir en comunidad cuando todos piensan como tú y es como tú, y va a la misma escuela y maneja la misma clase de automóvil. Naturalmente saben cómo comunicar, cómo interactuar”.

Pero Cowart dice que aunque las interacciones pueden ser torpes en una iglesia multicultural, la homogeneidad tiene un problema mayor: “Cuando nos movemos siempre en torno a las mismas personas, compartimos los mismos puntos ciegos”.

Cowart dice que la confianza es la clave para las Iglesias multiculturales porque nos permite hablar a las vidas de otros.

“Cuando hablamos unos con otros con desconfianza, escuchamos a través de filtros que tienen la forma de prejuicios y asunciones. Hablamos de maneras que no se entienden claramente”. Dice Cowart, quien notó cada vez más divisionismo a causa de los medios, “polarización de asuntos muy complejos, y nada sino pequeños golpes de sonido que tienen el propósito de incrementar la polarización, y eso es solo al nivel de los grupitos—el nivel de grupos pequeños—cuando nos sentamos y realmente nos conocemos unos a otros como seres humanos y escuchamos nuestras historias es cuando realmente comenzamos a construir la confianza”.

Cowart dice que debemos ser amigos que “se sientan y se miran unos a otros a los ojos, comienzan a escuchar las historias los unos de los otros, comienzan a compartir el dolor de los unos y los otros, y celebrar las esperanzas los unos de los otros”.

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