Capacidades Diferentes y la Imago Dei

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Nunca olvidaré la reacción de Bill a un sermón que prediqué sobre el tema del cielo. Bill tenía más de 80 años y había contraído polio en su niñez. Debido a su enfermedad, tenía que usar un andador la mayor parte de su vida. Cuando lo saludé después del servicio sus ojos estaban llenos de lágrimas: “Pastor”, me dijo: “Fue de gran impacto para mí que en el cielo podré correr por primera vez en mi vida”. Sus lágrimas eran lágrimas de gozo anticipando que él podría hacer algo que la mayoría de nosotros damos por descontado. Me uní a Bill en sus lágrimas de gozo.

Hace veinte años nació nuestro hijo Jesse. Él tiene síndrome de Down. Cuando nació, mi familia ingresó a una comunidad que nosotros no sabíamos que existía, o al menos no le habíamos puesto atención en lo que iba de nuestras vidas: La Comunidad de Incapacitados, (o de Capacidades Diferentes).

La comunidad de capacidades diferentes comprende a quienes padecen severas enfermedades hasta los que tienen problemas leves o moderados. Incluye a personas que pueden atenderse a sí mismos en su mayor parte, y a los que no se pueden atender solos de ninguna manera.

No me puedo imaginar cómo sería mi vida,  mi familia o ministerio si Dios no hubiera abierto mis ojos soberanamente a esta comunidad y que me hayan invitado a ella.

Según los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades, hay 61 millones de adultos con alguna forma de incapacidad en los Estados Unidos. Esto significa que un 26 por ciento de estadounidenses viven con alguna discapacidad. Si eres persona de color, no hispánica (29 por ciento), o hispánica (25.9 por ciento), eres más propenso a tener una discapacidad que una persona de raza blanca no hispánica (20.6 por ciento). Los que tienen menos educación formal, que tienen menos ingresos y los desempleados son más propensos a padecer algún tipo de discapacidad.

Habiendo sido parte de la Iglesia Metodista Libre toda mi vida, puedo decirte que muchas de nuestras iglesias no están preparadas para incluir personas con discapacidades. Puede ser que tengan problemas para subir escaleras a la entrada del templo o una sobredependencia en los visuales o videos, muchas de nuestras iglesias sin proponérselo están desatendiendo a personas con discapacidades (capacidades diferentes).

¡Cuánta diferencia con la imagen que tenemos de Jesús en el evangelio de Mateo (21:14) una vez que había limpiado el templo: “Se le acercaron en el templo ciegos y cojos, y los sanó”.

Sólo una aclaración de términos: Las personas pueden tener diferentes clases de “discapacidades”. “Un hándicap” (desventaja) es cualquier barrera puesta frente a las personas con alguna discapacidad que les impide participar totalmente en la vida. Por ejemplo, un paso de dos pulgadas (5 centímetros) puede ser un hándicap o desventaja para alguien confinado a una silla de ruedas. Jesús limpió el templo de hándicaps/obstáculos de los cambistas de dinero de modo que los que tenían discapacidades pudieran libremente acercarse a Él.

Seamos honestos, las discapacidades desafían el apuntalamiento mismo de nuestra fe triunfal e insegura. Nosotros sencillamente no sabemos qué hacer con personas que tienen alguna discapacidad en una fe que canta que los cojos andan, los ciegos ven y los sordos oyen. Es posible que seamos demasiado tímidos para preguntar a los que son “cojos, ciegos y sordos” de qué manera procesan ellos estos pasajes de la Escritura.

Por favor, no me malentiendas. La comunidad de fe llamada Iglesia Metodista Libre increíblemente ha recibido bien a mi familia. No hemos recibido nada más que amor de la mayoría de los miembros.

En realidad es que la sola presencia de mi hijo algunas veces es causa de un gran problema para la iglesia; “¿Qué hacemos contigo?” Se ven forzados a decir. Esta es la realidad de los que tienen discapacidades. Su misma existencia causa que otros ajusten su confortable vida y hagan cosas de una manera no convencional.

Un año durante la Navidad, nuestra iglesia estaba planeando un tiempo para los niños durante el servicio de la Navidad en la noche. Una familia con dos niñas en silla de ruedas recientemente habían comenzado a asistir a nuestros servicios. Estas niñas padecían un problema del que no sobrevivirían más allá de la adolescencia. Al comenzar el servicio, esta familia llegó. Estas dos niñas no habrían podido ascender por las escaleras a nuestra plataforma. Me acerqué a la familia, y buscamos una solución. Cambiamos la reunión de lugar y así estas niñas pudieron participar.

Más tarde, tuve una conversación con sus padres y me disculpé por no haber estado preparados para su presencia en el servicio. Nunca olvidaré su respuesta. Amablemente dijeron: “No nos preocupó que ustedes no hayan estado preparados. Ustedes no sabían que íbamos a venir. Si ustedes y la iglesia están dispuestos a hacer ajustes por ellas, nos sentimos bienvenidos”.

En la Escritura, se nos dice que los humanos somos creados a imagen de Dios. En lo que a mi concierne, las implicaciones prácticas de todos los seres humanos creados, y que llevan la “imago dei”, van más allá que lo que la teología (o el latín ) sugiere.

La palabra “imagen” se refiere a “semejanza”, o incluso a una “sombra” de alguien más. Así, a Israel se le ordenó no crear imágenes de Dios tal como otras naciones estaban acostumbradas a hacer, porque si lo hacían, probablemente se equivocarían en Su naturaleza. Tenían que manejarse sin imágenes hechas por hombres (ídolos) de Dios como un medio de conectarse con Dios. En su lugar, Dios les dio algo más, las mismas personas que los rodeaban (hechas a Su imagen), y la manifestación ocasional de la presencia de Dios. Estos dones eran suficientes para que ellos experimentaran la “sombra“ de Dios como un medio de ver y de experimentar a Dios mismo. Nunca se imaginaron que un día Dios se manifestaría plenamente a Sí mismo en Su Hijo, la representación o imagen exacta de Dios. Esta “imagen” de Dios se identificaría profundamente con aquellos que más sufrían por discapacidades en esta vida.

Para mí, la más grande manifestación de Dios ha venido a través de personas con discapacidades. He experimentado verdaderamente la imagen de Dios a través de ellos, ya que han representado Su sufrimiento, Su compasión, Su humildad, Su tenacidad, Su esperanza, y finalmente su amor hasta el sacrificio.

Un día, todos los que viven con discapacidades correrán y saltarán, cantarán y hablarán, y escucharán y verán. Hasta entonces, es posible que Dios esté hablando por medio de ellos.

Existe un antiguo mito según el cual las personas con síndrome de Down nacen sin pecado. Yo puedo decir por haber criado a mi hijo Jesse, que eso no es verdad. Pero habiendo vivido con él ya por 20 años, cuando lo veo, cuando veo sus ojos, y cuando realmente lo escucho, yo experimento a Dios por medio de él.

Nosotros no transmitimos la imagen de Dios a personas con discapacidades, ellos ya la tienen. En su lugar, a través de estas sombras temporales rotas, aprendemos más y experimentamos a Dios como realmente es, si solo recibimos, vemos y escuchamos.

John Lane es el superintendente de la Conferencia de Wabash. Tiene un título de Bachiller en Artes de la Universidad de Michigan-Flint, una Maestría en Divinidad del Seminario Teológico Asbury, y un Doctorado en Ministerio del Seminario Teológico Gordon-Conwell.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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