No te Rindas

PRIEST2

En el verano de 2014, yo estaba listo para rendirme. Listo para tirar la toalla. Me sentía tan deprimido y agotado, Había estado pastoreando mi iglesia por siete años y me había estancado. Había hecho todo para llevar mi iglesia al crecimiento y a la prosperidad. Pero nos topamos con una muralla: nada de crecimiento, nada de tracción—como si hubiera estado corriendo sobre una caminadora, dándole duro pero sin llegar a ninguna parte. Estaba deshecho y sin ninguna respuesta.

La frustración me estaba sofocando. La depresión y la ansiedad eran mis mejores amigas. A mis ojos yo estaba convertido en un fracaso, en lo que se suponía que era un año sabático. Me senté en una cafetería escribiendo mi carta de renuncia. Lágrimas rodaban por mis mejillas y caían sobre las hojas del periódico.

En medio de aquel ruidoso y bullicioso establecimiento, el Señor me habló.

Posiblemente haya habido otras dos ocasiones en mi vida en que Dios me haya hablado así de fuerte, aunque con suavidad. Todo lo que escuché en ese momento, fueron tres palabras: “No te Rindas”. No era como un entrenador o alguien ejerciendo presión, sino un tierno padre que sabía algo que yo no sabía.

No te rindas, no ahora, todavía tengo más para ti.

Así que en este sitio, en este lugar santo. Renové mi promesa sobre algunas cosas. Escribí en mi diario, debajo, las manchas de aquellas lágrimas, algo que yo siempre había creído. Me daré a mí mismo y llevaré mi iglesia a las únicas cosas sobre las que realmente tengo control: Amaremos a Dios, y ayudaremos a la gente.

Cuando me establecí en Denver, 12 años atrás, con 31 años,  yo, un  hijo de pastor para pastorear nuestra pequeña iglesia, tenía sueños de grandeza y de un éxito egoísta. Yo no tenía idea de lo difícil que sería, que me sacudiría hasta la médula. Yo no sabía que el Señor me quebrantaría hasta el alma a fin de poderme usar. Me tenía que despojar de tantas falsas ideas acerca de la iglesia que Él ama. Tendría que liberarme de las trampas de complejidad que la iglesia considera que son tan importantes y regresarme a las cosas sencillas que eran lo que realmente importaba y que siempre importará.

Esto no pasó ciertamente de la noche a la mañana, pero la iglesia que tengo el privilegio de dirigir comenzó a crecer de nuevo. En el último año y medio hemos crecido de un promedio de 500 personas en nuestros servicios del domingo en la mañana, a 1500 en cuatro servicios. Cientos han pasado de muerte a vida en Cristo. Cientos han sido bautizados. Vidas y familias están siendo restauradas. Docenas de grupos pequeños están siendo establecidos. Ministerios a nuestra comunidad están siendo establecidos. Están surgiendo líderes.

Ese crecimiento no vino de una fascinación o fijación de números. Ha venido de una inquebrantable fidelidad a una idea simple y consumidora: Ayudar a las personas a dar el siguiente paso con Jesús.

Dentro de mi ser, yo creo que cada iglesia debe crecer—no por dádivas o impulsada por algún falso retrato de éxito, sino creciendo en nuestro amor por Dios y nuestro compromiso de amarnos unos a otros. Debemos crecer en ayudar a las personas que vagan lejos de Dios para que encuentren su camino a casa.

Si nuestro movimiento como Metodistas Libres va a sobrevivir y prosperar debe incluir ese retrato de una iglesia sana que está de pie y en la lucha.

Scotty Priest es el pastor principal de la Iglesia Journey, de Castle Rock, Colorado. Él será uno de los oradores invitados en la Conferencia General 2019 (gc19.org).

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