Cuando el Cielo se Unió con la Tierra: Creando un Jardín Comunitario en Compton

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En nuestro jardín estaba un hombre, desnudo. Lo que realmente parecía fuera de lugar aquel día al mismo tiempo parecía estar bien. Definitivamente yo no anticipaba este escenario para comenzar mis tareas de jardinería ese día. Cuando tomamos la misión de llevar el amor de Dios a una comunidad que no lo merecía en la tristemente célebre Compton, no teníamos idea que esto llegaría a ser un lugar seguro para tantas personas, aún a aquellos que carecían de un lugar para vivir. Pero la intención de Dios para nosotros todo el tiempo fue que las verdaderas semillas que plantamos serían de esperanza, de amor y paz.

Este día en particular sólo era un retrato del inesperado ministerio que hemos aprendido a esperar desde que las puertas del jardín fueron abiertas en 2013. Nuestra visión era crear un espacio para cultivar alimentos nutritivos en un desierto estéril, fomentar la comunidad en un lugar segregado, y desarrollar un lugar de Shalom, pero el resultado ha sido mucho mejor con el aliento de vida que el Espíritu Santo nos brinda cada día sobre esta pequeña porción de la tierra. Cuando alguien demanda alguno de nuestros 55 surcos de siembra, se coloca en una posición que le permite tener una probadita de cielo. En este lugar sagrado, ellos son retirados temporalmente del caos de las calles. La misión de llevar salud, belleza, paz, y lo más importante, a Cristo por medio del Jardín de la Comunidad de Compton se está convirtiendo en una realidad.

El Jardín Como una Misión

¿Cómo puede un jardín ser una misión de Dios? ¿Y cómo puede ser un lugar donde el cielo se une con la tierra? Para algunos, literalmente un jardín es como una pulga en la oreja. Se ven como de tierra dura como roca y con parches de lánguidas hierbas en los patios posteriores y determinan que un día será un lugar en donde se puedan cosechar tomates. Después de un trabajo arduo, sin embargo, hacen las palas a un lado, derrotados. Para otros, su visión los sustenta, y el jardín se convierte en un lugar en el que cultivan y cosechan sus comidas favoritas.

Pero un jardín puede ser tantas cosas más. Ese jardín puede reclamar la misión celestial de llevar la realidad de un Dios amante a una sociedad quebrantada. Un jardín puede ser un pedazo del cielo en la tierra.

En el principio, como respuesta a las necesidades de Adán y Eva, Dios plantó un jardín. Este jardín les daría lo necesario física, emocional y espiritualmente. El Jardín del Edén los alimentaba, deleitaba sus almas y proporcionaba un espacio comunal para reunirse con Él. Fue allí donde conversaban con su Creador. Este espacio creado de shalom fue donde el cielo se unió con la tierra. Shalom, una palabra hebrea llena de significado, incluye la idea de integralidad, plenitud de paz, libertad de la guerra y la lucha. Un sentido de que todo está bien. Shalom es una pequeña muestra traída a las realidades de la tierra. El primer jardín fue una manifestación de shalom.

Trágicamente, el shalom fue dañado por el pecado de desobediencia cuando Adán y Eva comieron lo que les había sido prohibido. La consecuencia personal fue una vergüenza que los obligó a esconderse de Dios y uno de la otra. También fueron expulsados del jardín, su lugar de shalom.

Gracias a Dios, un Salvador venía en camino para rescatar a todos los hijos e hijas de Adán. El Príncipe de Paz, el Mesías profetizado, en Jesús se hizo carne. Este mensajero de shalom eligió caminar entre los lugares rotos de la sociedad. Él declaró: “No son los sanos los que necesitan médico” (Mateo 9:12). Jesús estaba en una misión para restaurar la paz, el amor y el bienestar a la tierra. Lo que fue roto una vez por el pecado estaba ahora en vías de ser restaurada a un estado de integralidad y belleza. Su muerte sacrificial abriría las puertas del jardín, de modo que los que entren por medio de Él puedan una vez más conocer al shalom de Dios.

Trayendo el Cielo a Compton

Traer paz a la tierra significa localizar aquellos lugares en necesidad de sanidad e ir a ellos.

Compton, California fue uno de esos lugares. Compton tiene el poco honroso lugar de la música hip-hop y la guerra de pandillas. Necesita desesperadamente una probadita de cielo, y Dios nos llamó a plantar un jardín donde Su sanidad transformadora tendría un gran impacto.

Por la gracia de Dios, nuestro jardín está proporcionando ese lugar de shalom en nuestro rincón de Compton. Mientras prostitutas, pandilleros, adictos e indigentes llegan al jardín, experimentan la luz y la vida de Jesús. Cuando Jamez—quien vive en una casa móvil cruzando la calle—corre a mi encuentro para darme un abrazo, yo le extiendo a él el amor de Dios. Cuando Nancy, una prostituta del barrio, viene al jardín a trabajar, es porque siente la paz y la integralidad ahí. El Espíritu Santo está trabajando momento a momento, mientras hemos creado el espacio para que Él se manifieste.

Sin embargo, debido a mi propio temor, mis tareas y la presión de mis propias ideas, el jardín de Compton casi zozobró. Como mujer sajona de edad mediana, nunca había manejado hasta Compton, aunque no se encuentra a más de dos millas (3 kilómetros) de nuestra iglesia. Pero mientras me dirigía a la iglesia en una ocasión, oraba por dirección del Señor para mi discurso doctoral, Dios me habló—“Siembra un jardín comunitario”. Aunque atemorizada y abrumada por el llamado, le dije a Dios que estaba dispuesta.

Ese asombroso día desencadenó la Confraternidad Cristiana Luz y Vida (un ministerio de Los Navegantes) para colaborar en este proyecto aparentemente imposible. Por medio de un milagro, Dios nos proveyó de un terreno sin costo en una calle principal. La propiedad estaba abandonada, con arbustos que nos llegaban a la cintura, y que antes había albergado un hotel de paso. El terreno también es la línea divisoria entre los Crips del este y del oeste, dos pandillas de las más violentas de la zona que constantemente viven en guerra entre ellos. Este sitio significa que tendríamos que enfrentarnos con tráfico de drogas y prostitución todos los días. Cuando tomamos la decisión de seguir adelante con el terreno, inmediatamente surgieron preguntas como: “¿Puede este lugar ser el adecuado donde el cielo se una con la tierra?”

A Dios gracias, ya estábamos trabajando para llevar sShalom a aquel lugar. Por algunos años atrás, los Pastores Mel y Ralph, quienes tienen una pequeña iglesia frente al terreno, habían estado orando que Dios usara este lugar abandonado justo en seguida de su puerta ¡para un jardín! Ellos y otros como el Dr. Sherrydan Ross y Bob Combs deseaban ayudar a una mujer joven a convertirse en jardinera. Estaba aprendiendo que si permitía recibir enseñanza, Dios podría usarme aunque estuviera alejada de mi zona de confort.

Aquel día cuando apareció el hombre desnudo (después supe que se llamaba John) en nuestro jardín, fue un momento decisivo para mí. Al principio, estaba furiosa y con repulsión. E insistí en que llamáramos a la policía de inmediato. Yo reaccioné apresuradamente en lugar de detenerme a pedir a Dios sabiduría. John tenía una historia, y había una historia detrás de este incidente.

John era un veterano indigente que recientemente había sido diagnosticado con cáncer. Acababa de salir de una ronda de quimioterapias y se encontró luchando en contra de una diarrea en la estación local de trenes. Uno de nuestros jardineros, antiguo miembro de una pandilla, de nombre Mike, saltó a la acción para ayudar. Mike conocía la historia porque se tomó el tiempo para preguntar. De modo que Mike llevó a John al jardín y le dio instrucciones de que se quitara su ropa sucia y esperara el regreso de Mike. Luego Mike fue a su casa para buscar algunas ropas limpias para John.

Durante el tiempo que estuvieron separados, llegué a la escena con otro jardinero. Si Mike hubiera estado allí, yo hubiera entendido la situación de inmediato. Sin embargo, encontrarme de pronto con un hombre desnudo en el jardín, naturalmente fui tomada con la guardia baja. Mike sabía que el jardín era un lugar de shalom, un lugar seguro para darle a John un refugio momentáneo. Posiblemente podríamos conseguir una pausa en el juicio de Mike, pero a Mike eso no le importaba. En el Jardín de Compton, él había experimentado el amor y la paz de Dios, y un santuario para las presiones de su vida. Él quería que John lo experimentara también. Como parte del equipo del jardín ha trabajado para traer el cielo a la tierra, ahora, nuestros jardineros, a menudo de maneras no convencionales, están haciendo lo mismo.

Cuando una iglesia o creyente decide irse a una misión en su propia comunidad, significa que tú llevas la compasión de Dios a los quebrantados. Si pides ver a la gente de la manera como Dios la ve. Significa que tú escuchas. Conoces sus historias al contarles tu historia de Cristo.

Algunos vecinos del jardín que desde que lo plantamos, se siente que hace que las tinieblas se alejen. Cuando la Palabra llega a la comunidad (Juan 1:14), llegan los cambios, la luz vence a las tinieblas, la paz acaba con el caos, y el eterno establece Su morada en la tierra. En el jardín de Compton, el sentir del shalom es real y presente. Se ha convertido en un lugar para que personas como Tonya, una prostituta local, prueben la bondad de Dios.

Un día, Tonya estaba haciendo trucos junto a la tienda de licores, a unos pasos de distancia del jardín, ella me vio, me llamó, y me preguntó: “¿Recuerdas cuando me serviste una comida de acción de gracias hace unos meses?” Yo le dije: “Sí, me acuerdo”. Luego Tonya me dijo lentamente: “¡Ese fue el mejor día de mi vida!”. Tonya no había comido solo pavo en ese día, hanía probado el amor del Padre por ella. De pie en frenta de la tienda, tuve la alegría de orar por Tonya, y yo también probé algo del cielo.

¿Qué podía pasar si más de nosotros decidimos ir a una misión de paz a nuestras comunidades? Hace siglos, John Wesley hizo esta oración “Sigo soñando, y oro por un avivamiento de santidad en nuestros días que avanza en misión y crea una auténtica comunidad en la que cada persona puede ser liberada por medio del empoderamiento del Espíritu para cumplir las intenciones creativas de Dios”. ¿Cuál sería el impacto de la iglesia si todos los creyentes comenzaran a orar: “Dios, úsame”?.

Yo me ofrecí como voluntaria, y Dios sabía exactamente a qué misión me enviaría, y yo entregué mis dones y talentos por Su servicio. Yo estaba entrenada como maestra jardinera. Yo sentía la carga por la falta de comida accesible y saludable en nuestra comunidad local. Los niños crecían a base de cajas de comida de las tiendas de licores de las esquinas. El Señor sabía lo que yo sabía, mi pasión y mi pala eran perfectas para plantar un jardín comunitario. Cinco años después, vidas quebrantadas han probado el cielo, una comunidad está siendo cambiada, cientos de voluntarios han trabajado con alegría en el jardín, y mi propio corazón ha sido transformado.

Kensie, que administra el pequeño apartamento de enseguida, ha pintado su edificio y plantado flores porque ya había un jardín. Urcell, un maestro jubilado de preescolar, cada semana se dirige al jardín donde se sienta, lee y visita a otras personas. Fabiola viene con sus tres hijos al surco rentado del jardín, les enseña a cultivar comida orgánica, compartiendo su cosecha con compañeros de la escuela. Noemí, que acaba de llegar de Guatemala ha encontrado un lugar para identificarse mientras se adapta a su nuevo país. Igual que mi vida, un terreno abandonado ha sido redimido por el Príncipe de Paz. Y allí florece ahora un jardín.

¿Qué tienes en la mano? Peobablemente no sea un jardín, pero Dios te ha puesto algo en las manos para ser usado en traer el cielo a la tierra. Tú eres creado a la imagen de Dios. Una obra maestra única dotada de manera única para buenas obras (Efesios 2:10).

¿Qué problemas ves en tu comunidad? ¿Dónde puedes colocarte para hacer una diferencia? No permitas que tus temores u obligaciones te roben. Mientras el pueblo de Dios colectivamente se pone de acuerdo de ir a una misión de Shalom, el poder transformador y restaurador del Espíritu de Dios es liberado en nuestra parte del mundo. Cuando le decimos sí a Dios, vemos las vidas probar la bondad de Dios, corazones abiertos a las buenas nuevas de Cristo, y el reino de Dios viene a la tierra como es en el cielo.

Deb Walkemeyer es co pastora principal de la Confraternidad Cristiana Luz y Vida en Long Beach, California. Ella es una terapista matrimonial y familiar que también tiene un Doctorado en Ministerio en liderazgo eclesiástico del Seminario Teológico Fuller. También es una maestra jardinera reconocida quien inició el Jardín Comunitario de Compton, que ha recibido reconocimiento nacional como modelo de transformación urbana e impacto ministerial.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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