Algunas Veces lo Olvidamos

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En ocasiones las historias de la Biblia se vuelven tan familiares para nosotros que es fácil que olvidemos los detalles.

Por ejemplo, en la historia de Jonás, recordamos a Jonás huyendo y a Dios utilizando una tormenta y él siendo absorbido por un pez para convencer a Jonás de que tiene que ir a Nínive. Pero entonces nos olvidamos que Jonás se sienta fuera de la ciudad esperando que sea destruida, y cuando eso no sucede, él se enoja con Dios ¡porque tuvo compasión! (Se nos olvida también que Nínive es destruida más tarde, pero ¡Esa es otra historia!).

Nos olvidamos de que después que Elías derrota a los profetas de Baal de una manera más bien épica, él va y se oculta en una cueva porque tiene temor de Jezabel. Se nos olvida que el Rey David es algo así como un mal padre. Se nos olvida que Pedro tiene que ser confrontado por Pablo. Es fácil olvidar estas cosas porque somos atrapados por las historias divertidas, las historias de triunfo o intriga. Pensamos que la Biblia está formada por héroes que debemos emular, cuando de hecho somos ninivitas que necesitan un Dios compasivo. ¡Hemos sido objeto de compasión de una manera abundante!

Existe otra historia que nosotros probablemente conocemos realmente bien a detalle—menos dramática que las anteriores—que con frecuencia olvidamos. En el libro de Daniel, Dios ha permitido que Nabucudonosor lleve a los israelitas prisioneros al exilio en Babilonia. En el exilio, ciertos jóvenes han sido llevados al servicio del rey donde son despojados de su identidad. Sus nombres les son arrebatados, son obligados a conocer a los dioses y la historia de Babilonia, y sin embargo, ellos se aferran al verdadero Dios. De muchas maneras, Daniel 1-4 es la historia de Dios revelándose a Sí mismo a Nabucudonosor a través de las acciones de estos jóvenes en el exilio,

El detalle que estamos tratando de localizar se encuentra en el capítulo 3. Nabucudonosor erige una gran estatua dorada y ordena que todos se inclinen y la adoren cuando se escuche la música. Luego la historia que conocemos dice que tres israelitas al servicio del rey—Sadrac, Mesac y Abednego—no se inclinaron, y fueron lanzados al horno de fuego de donde Dios los rescata.

Pero nosotros a menudo pasamos por alto el detalle de que a Nabucudonosor tuvieron que decirle que ellos no se habían inclinado. Él escucha las voces de algunas personas que maliciosamente vienen a acusar a los judíos. Él conocía a Sadrac, Mesac y Abednego. Él los había puesto en la posición en la que estaban. Ellos habían ayudado a Daniel a interpretar sus sueños, y él había visto en ellos “en todos los temas que requerían de sabiduría y discernimiento los halló diez veces más inteligentes que todos los magos y hechiceros del reino” (Daniel 1:20).

Sin embargo, cuando estas voces se hicieron oír, Nabucudonosor las creyó. ¿No creen que se parece mucho a nosotros? Aunque conocemos el carácter de alguien o la verdad sobre algo, cuando escuchamos las voces que muchas veces hemos escuchado, las creemos.

Algunas veces las voces que escuchamos se nos han hecho tan familiares que es fácil olvidarnos por qué las escuchamos.

El día de hoy esto es especialmente cierto. Hace cincuenta años, existían tres grandes estaciones de noticias, el periódico local y la gente de tu comunidad. Hace cien años, existía solamente el periódico y las personas de tu comunidad. Hace quinientos años, sólo existían las personas de tu comunidad. Cuando los israelitas estaban en el exilio, ¡el rey escuchó a las personas porque ellas le habían dicho que él era grande! Lo adularon y le dijeron lo que él quería escuchar. En la época de las redes sociales y el internet, tenemos una gran cantidad de maneras, al contrario de ser reyes de Babilonia. Los algoritmos rastrean lo que nos gusta y a lo que más probablemente le vamos a dar click hasta el punto de que sólo vemos aquello que nos hace sentir bien o afirmar nuestro concepto del mundo.

We have opinions on national leaders, international policies, climate change and the economy! Each of us reads that sentence, and a different emotion is evoked, but we still have voices we listen to about these things. Fox News, CNN, NPR, Facebook, Twitter and dozens more, all significantly impact our views on these topics, but we have stopped asking why we listen to them. Why is our world so intent on filling up the space in our lives with entertainment, entertainment news, and stories about dogs that can skateboard?

Tenemos opiniones sobre los líderes de la nación, políticas internacionales, el cambio del clima ¡y la economía! Cada uno de nosotros lee esa oración, y evocamos una emoción diferente, pero aún existen voces acerca de estas cosas a las que ponemos atención: Noticias de Fox, CNN, Facebook, Twitter y una docena más, todo impacta de manera significativa nuestros conceptos sobre estos tópicos, pero nos hemos detenido a preguntar por qué los escuchamos. ¿Por qué nuestro mundo es tan proclive a llenar los espacios en nuestras vidas con entretenimiento, noticias de espectáculos, e historias sobre perros que saben pasear en patineta?

Hay ocasiones en que el mundo se hace tan familiar que es fácil olvidarnos que nosotros vivimos en el exilio.

Vivimos en el exilio en un mundo que quiere hacer todo lo que se pueda para desterrar la voz de Dios. Nuestras vidas están tan llenas con el ruido que nos olvidamos de a quién se supone que debemos escucha¡Vamos en retroceso! Deberíamos filtrar las voces de este mundo, incluso el dolor y la tristeza de este mundo, por medio de la verdad, la bondad, y el amor y esperanza y el sacrificio de Dios. Allí es donde debemos comenzar.

Algunas veces necesitamos recordar que la Palabra de Dios es ponderosa para cambiar vidas.
Algunas veces necesitamos recordar que aunque las voces nos digan que somos el centro del mundo, nosotros necesitamos centrarnos en Cristo.
Algunas veces necesitamos recordar que somos portadores de la fe, la esperanza y el amor de Dios al exilio con nosotros.
Algunas veces necesitamos recordar.

Mark Crawford es un escritor del personal de Luz y Vida. El reside en Tucson, Arizona.

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