Aprendiendo a Vivir como Exiliados en Dos Lugares a la Vez

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Los alerones de las alas del Boeing, serie 737-800 se elevaron, y el ruido que se produjo hizo que el niño pequeño detrás de mí gritara. Todos nosotros queríamos gritar, pero pensamos que era mejor que el niño lo hiciera. Yo reconocí el terreno plano que se nos aproximaba, y mi estómago de niño consentido clamaba por la barbacoa de Kansas City. Nuestra estancia en el aeropuerto se suponía que iba a durar una hora y media. Eso no era tiempo suficiente para ordenar un Uber y llegar a las delicias gastronómicas de Arthur Bryant. Mis glándulas gustativas me dolían por la década durante la que podía conseguir toda la barbacoa que quisiera cuando quisiera, El deseo intenso de carne me hace pensar en el tema repetitivo de los exiliados en las Escrituras.

Es un completo misterio para mí cuando la turba se queja de las comidas que extraña de Egipto, específicamente mencionan los puerros. Yo nunca he deseado los puerros. Las comidas que ellos mencionan: “el pescado … los pepinos, melones, puerros, cebollas y ajo” (Números 11:5) son todas más deliciosas e interesantes que el maná, un misterio dado por Dios, una misteriosa grapa (una traducción literal sería “¿Y eso qué es?”) de los años del desierto. “Cuarenta años los sustentaste en el desierto ¡Nada les faltó! No se desgastaron sus vestidos ni se les hincharon los pies” (Nehemías 9:21).

La historia de Dios y de su pueblo en las Escrituras comienza con una buena creación. Allí es también donde termina. La historia intermedia es la historia en la que nosotros vivimos. Es una historia de exilio. Es una historia de Dios que crea, da, perdona y restaura. Es una historia de seres humanos que se apartan de Dios, regresan a Él, y son restaurados, y hechos buenos de nuevo.

En el principio, Dios creó todas las cosas—incluyendo al hombre y la mujer—y dijo de los seres humanos, que “era muy bueno” (Génesis 1:31). Mientras Dios la da a los seres humanos dominio, y les da las plantas para comer, claramente la creación es bendecida, y todo en ella es bueno. Entre las buenas cosas para comer, hay pepinos, melones e incluso puerros. La única comida que está fuera de los límites es la del árbol del conocimiento del bien y del mal (Génesis 2:16-17). El primer exilio sobreviene después que los seres humanos comen del árbol que está fuera de sus límites, y Dios expulsa a los seres humanos (Génesis 3:24). Ellos se establecen al este del Edén y se multiplican. Las generaciones continúan, y ellos tenían todo lo que necesitaban para sobrevivir. La comida es buena y con sabor.

Las generaciones incluyen a Noé, Abraham y Sara. Abraham y Sara reciben la orden de salir de su tierra. Es a través de esta pareja que Dios promete bendecir a todas las familias de la tierra. Finalmente, alrededor de los 90 años de edad, Sara da a luz a Isaac. Isaac y los hijos de Rebeca, Esaú y Jacob compiten por la bendición de Isaac.

Cerca de su muerte, Isaac le pide un guisado a su hijo mayor, Esaú. Con alguna ayuda de su madre, Jacob hace lo que a su padre le gusta y recibe la bendición de Isaac. La familia está en el exilio.

¿Qué clase de especias le gustaban a Isaac? ¿La familia las trajo consigo? ¿Se habían adaptado a comer lo que podían conseguir localmente?

La historia del pueblo de Dios continua. En y a través de las historias de Jacob, José y Moisés, vemos que Dios continúa dando forma y rescatando a Su pueblo. Ellos no están satisfechos con lo que Dios ha provisto para ellos. Ellos han sido liberados por Dios, salvados de la esclavitud de los egipcios, y el favor de la gracia de Dios los está llevando a su propia tierra. Sin embargo, cuando leemos que ellos no habían comido otra cosa que maná por 40 años, la mayoría de nosotros rápidamente nos hacemos al lado de la turba. ¡Sabemos lo que significa tener el deseo de comer carne!

Sin duda, la lucha que experimentamos en términos de vivir aquí y ahora como pueblo de Dios tiene mucho que ver con la carne. La carne no es otra cosa que uno de los muchos deseos humanos. Tenemos hambre y deseamos comer. Nos sentimos cansados y deseamos descansar. Lo que sentimos apunta a deseos y los deseos apuntan a Dios. La necesidad humana es estar conectados a nuestro Creador y otros seres humanos. Todos los deseos señalan a los seres humanos de nuevo a nuestras raíces.

El pueblo de Dios entra en la tierra que les había sido prometida a ellos, y ellos siguen estando insatisfechos. Ellos se dan cuenta que otros pueblos tenían reyes, así que demandan un rey (1 Samuel 8). La mayoría de los reyes que gobiernan al pueblo de Dios no son buenos. Algunos de ellos son solo dados al mal. Ellos no buscan a Dios.

En respuesta a esto, Dios envía profetas para invitarlos a regresar y les recuerda la verdad. Todas sus necesidades serían suplidas por Dios. Ellos necesitan buscar y permanecer conectados con Dios. Ellos no escuchan a los profetas. Inmediatamente después del reinado del Rey Josías, toda clase de líderes (reyes, sacerdotes y profetas — Jeremías 32:32) se apartan de Dios. La ciudad de Jerusalén y el templo en 609 a. C. no están escuchando u obedeciendo a Dios.

Los falsos profetas son muy populares. Los verdaderos profetas están siendo asesinados. La tierra, los pobres y los jóvenes están siendo violados y pisoteados. Es un período vergonzoso, pero el pueblo se ha atrincherado en la impiedad que ellos ya ni siquiera pueden ver esto por ellos mismos. Dios llama a Jeremías a profetizar de este tiempo y lugar.

En la paráfrasis de Eugene Peterson: El Mensaje, Jeremías acusa a los líderes de enseñar a otros en su impiedad. “Ustedes fundaron escuelas de pecado, ¡enseñaron cursos del mal! Y ahora están enviando a sus graduados, resplandecientes en toga y birrete — ¡sólo que las togas están manchadas con la sangre de sus víctimas! Toda esa sangre los declara culpables. Ustedes han herido y dañado a muchas personas para llegar a donde están ahora. Y todavía tienen el cinismo de decir: ´No he hecho nada malo. A Dios no le importa. Él no me ha castigado, ¿o sí?´” No mires, pero el juicio está a las puertas, viene hacia ti que dices: ´Yo no he hecho nada malo´” (Jeremías 2:33-35).

Jeremías dice la verdad a todos, aunque ellos se rehúsen a escuchar y traten de matarlo. El mal y la falsedad reinaban en Jerusalén. El juicio de Dios es ejecutado por Babilonia. Finalmente, la ciudad y el templo son destruidos en 587 a. C.). ¡Su gloria está convertida en chatarra! El pueblo es deportado a Babilonia.

Avivamiento de Esperanza

Durante el tiempo crucial del exilio del pueblo de Dios, ellos se reflejan en cómo cayeron en el exilio. La verdad de sus vidas se aclara. Ellos formulan la Escritura y regresan a Dios. En retrospectiva, ellos pueden ver que Dios los ha creado, que Dios los ha liberado de Egipto y ha provisto para ellos en el desierto. Dios es bueno y justo y ha sido fiel a ellos, aunque ellos no han sido fieles a Dios.

Después de una generación de exilio en Babilonia, hay un avivamiento de esperanza. Jeremías habla de esta esperanza: “Este es mi pacto que después de aquel tiempo haré con el pueblo de Israel. Pondré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón. Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Ya no tendrá nadie que enseñar a su prójimo, ni dirá nadie a su hermano: “¡conoce al Señor”, porque todos, desde el más pequeño hasta el más grande, me conocerán—afirma el Señor–. Yo les perdonaré su iniquidad, y nunca más me acordaré de sus pecados” (Jeremías 31:33-34).

Volver a la tierra, aunque fue bajo el dominio de Persia, es emocionante. También es desilusionante. La reconstrucción del templo, la ciudad y la muralla es una tarea ardua. Esta experiencia causa dolor para una nueva tarea de Dios. Tanto Ezequiel como Jeremías anticipan una era cuando la Palabra de Dios penetraría profundamente en la experiencia humana. El corazón humano, la fuente del deseo humano y la conexión con Dios, es donde sucede el cambio (Ezequiel 34, 36 y Jeremías 3).

En el pasado, Israel había experimentado reyes, sacerdotes y pastores impíos y que establecieron escuelas para enseñar la impiedad. La mayor parte de las lecciones que nosotros aprendemos acerca de vivir en el exilio del pueblo de Dios son la variedad de “qué no hacer”. En términos de comida, aprendemos que la gran compañía de Israel habría hecho mejor si no hubiera escuchado a la turba que demandaba carne. Sabemos por ellos que a los vientres podridos se les puede decir: “¡No!”. Podemos aprender cómo ser agradecidos al final de un largo día de viaje cuando nuestros pies no se inflaman.

Pidiéndole a Dios

Todos nuestros deseos pertenecen a nuestras conversaciones con Dios. Esta lección acerca de vivir en el exilio puede aprenderse en Jeremías. Venimos a Dios con todo, incluyendo quejas, necesidades, deseos y peticiones de nosotros mismos y de otros.

¿Cómo pueden estas historias ser diferentes si, en su punto de necesidad, le pidieran a Dios? ¿Si ellos le hubieran pedido a Dios que les ayudara de alguna manera, podrían haber encontrado una manera de seguir siendo fieles?

Jesús viene a ellos y a nosotros como cumplimiento de esta esperanza de un buen Rey. Él también es llamado sumo sacerdote, un rabino y el Buen Pastor: “Les daré pastores que cumplan mi voluntad, para que los guíen con sabiduría y entendimiento” (Jeremías 3:15).

Finalmente, sin duda había alguien — de hecho hay alguien — que cambia al corazón humano y responde a nuestros más profundos deseos. Jesús predica, sana y recibe a todos los que lo obedecen y lo siguen. Su mensaje es que el reino de Dios está abierto para trabajar. Jesús está ahora restaurando todas las cosas. Al final, Jesús final y definitivamente restaurará todas las cosas. Esta es la fuente de nuestra más grande esperanza.

Como aquellos que han decidido ser estudiantes de Jesús en la vida del reino, reconocemos que no importa qué tan buena sea la vida aquí, este no es nuestro hogar definitivo. La Escritura dice que pertenecemos a la nueva ciudad y la nueva tierra. El reino de Dios es nuestra realidad presente, y es a donde pertenece nuestra lealtad. Tenemos un Rey que está vivo y activo, y quien nos da lo que necesitamos para vivir en esta realidad mundana. Esto no significa que conseguimos todo lo que deseamos. Dios es tan bueno que si nos diera todo lo que deseamos sería contra su voluntad. Algunas de las cosas que pedimos no son buena idea para nosotros. Algo de lo bueno que Dios quiere darnos, no estamos preparados para recibirlo. No hemos avanzado tanto en nuestro aprendizaje para recibir de Dios todos Sus dones buenos y perfectos.,

Además de leer los evangelios y aprender cómo Jesús vivió, es también útil leer las Epístolas. Vivir en el reino de Dios, o andar o vivir de acuerdo al Espíritu (Gálatas 5-6¸Efesios 2-4, Colosenses 3, y 1 Pedro), llena estos escritos primitivos de la iglesia. Estos escritos lo presentan como un proceso de aprendizaje.

Mi sentido del sabor estaba entrenado para comer barbacoa de Kansas City. Cuando recién me mudé, yo no tenía absolutamente ningún deseo de ella. Habia sido creada con comida condimentada. Como había estado alejada de Nuevo México por casi 30 años, mi cuerpo no puede tolerar chiles picantes y salsas como antes acostumbraba. Así como nuestros cuerpos están entrenados para comer a intervalos regulares, necesitamos un régimen regular que reoriente nuestros pensamientos, momentos y relaciones de nuevo con Cristo y su reino. Nuestras tierras nativas están siempre aquí; siempre están aquí por la presencia y el poder de Cristo con nosotros.

Después de que llamaron a la puerta, abrí y allí estaba una adolescente. Me dijo: “¡Huele a carne! ¿La puedo probar? Me reí y le di una porción de carne de puerco de mi sartén de cocimiento lento. No era como usualmente la preparo. No es condimentada. Dios no está lejos de las condiciones particulares de su vida, el trauma de su familia, y el deseo de carne que la hizo tocar a mi puerta. La chatarra del mundo está justo en frente de nosotros donde quiera que nos encontremos. Las necesidades del mundo — donde quiera que nos encontremos exiliados — sólo pueden ser confrontadas y tratadas cuando vivo en el reino de Dios y aquí en este momento.

Roberta Mosier-Peterson, Min en Divinidad, es pastora principal de la Iglesia Metodista Libre de Gerry (Nueva York). Su disertación doctoral del Seminario del Noreste fue adaptada para “Experiencias Vividas”, una película documental cubriendo las experiencias ministeriales de mujeres pastoras. Visita fmchr.ch/livedexper si quieres ver ell documental, y pastortiedye.blogspot.com para leer más de sus escritos.

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