Exilio: Expulsados, Rasgados y Molidos

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Allí y Entonces

Yo no sé si tú eres capaz de imaginártelo … que todo lo que tienes se acabó, incluso en tu hogar. Tú crees que alguno de los miembros de tu familia puede haber sobrevivido, pero no tienen teléfonos, de modo que no estás seguro. Tu cocina, donde acostumbrabas limpiar cuidadosamente las cubiertas de granito—ahora es la cocina de alguien más. El patio, donde acostumbrabas preocuparte por los manchones desnudos—ahora ya no tienes patio. Esa tubería en tu sótano que goteaba lentamente—ahora es problema de otra persona.

Si no duele demasiado, trata de imaginar cómo pasó lo que pasó: los conflictos escalaron, las voces airadas en la TV aumentaron, las brújulas morales se volvieron medioevales. Algunos comenzaron a gritar por principio, pero la mayoría gritaron por temor de ser denunciados por abstenerse de gritar.

Llegó a ser “nosotros” contra “ellos”, y sus brújulas morales se volvieron peores que las nuestras, Es posible que hayan sido brújulas de Neanderthal. Los más listos lo vendieron todo y se fueron a otros lugares, a cualquier lugar. Los que fuimos actores más lentos, apretamos el puño y esperamos que el país se corrigiera por sí mismo, para que los adultos dominaran. Nuestros hogares, que habían sido lugares de seguridad, se convirtieron en trampas. El peligro se volvió más y más inminente hasta que tocó a nuestras puertas. Los mercados colapsaron, el internet controlado por unos pocos pensamientos jubilados se volvió un recuerdo amargo. Y luego, muy rápidamente, todo acabó; algunos huyeron, otros murieron, unos traicionaron a otros, pero todo acabó. El sueño terminó, la burbuja reventó. En retrospectiva, todos debieron haberlo visto venir. Pero en “tiempo real”, era difícil saber si sólo era un parpadeo o en realidad era una locura.

No era un parpadeo. El lugar Nuevo al que llegamos está bien, pero está solo bien. Nos libramos del terror, pero algunas veces nos preguntamos si podemos vivir en lo sombrío de este lugar. La comida es blanda, la música no logra hacernos mover los pies, no podemos predecir el clima, y ellos no pueden pronunciar nuestros nombres. A Daniel le dicen “Belsasar”, ¿Qué clase de nombre es “Belsasar”?

Lo llaman el exilio. Dicen que nosotros somos inmigrantes, entre otras cosas. Hemos sido desplazados, y aunque no somos los primeros; oramos que seamos los últimos.

Aquí y Ahora

Los exiliados soñamos con volver a casa, en que las cosas sean como solían ser. Los sirios en Alemania sueñan con dejar sus casas de concreto para volver a sus casas en el desierto. Los venezolanos escuchan programas de su país, pensando en el momento cuando sea seguro regresar a sus árboles frutales. Los rohingya se amontonan en campamentos con sus bolsas hechas jirones. Mientras más viejo se es, más anhela el exiliado regresar a casa; los más jóvenes encuentran su futuro más rápidamente en Alemania o en Canadá, o en cualquier lugar en el que aterricen.

El exilio es la rotura más radical que se puede experimentar en la vida. Desgarra las telas de bienestar en cualquier nivel: social, sicológico, familiar, espiritual y físico. El exilio es romper, desgarrar, deshacer. El exilio nunca es el deseo de Dios para nadie; más bien, es donde recuperamos el sentido cuando andamos lejos de Su “casa”. Si en repetidas ocasiones tomamos decisiones equivocadas, alejándonos del buen Dios, nos recuperamos lejos de Su bondad—no es que Él se equivocó, es debido a nuestras decisiones.

Exilio Bíblico

En enero de este año, Yvonne y yo visitamos la antigua ciudad de Lachish para ver lo que había quedado. Cuando Asiria, bajo el poderoso liderazgo del Rey Senaquerib atacó a Judá (esto sucedió alrededor del año 700 a. C.), conquistaron la ciudad de Lachish, que era la segunda ciudad más importante de Judá.

Como tantas otras ruinas en el Medio Oriente. Lachish es ahora un “tell”, una pequeña colina formada por las ruinas de una ciudad apilada encima de las ruinas de anteriores ciudades. Allí estábamos, solos, encima del tell barrido por el viento, imaginando a los asirios rodear la ciudad, con rampas improvisadas para sus carros, los arqueros detrás de las falanges de escudos. Nuestra imaginación se alimentaba con las horas que habíamos pasado en el Museo Británico de Londres en el que una sala completa está dedicada al asedio de Lachish. Los relieves del museo, los que Senaquerib ordenó para su palacio en Nínive, claramente muestran cómo algunos de los derrotados hebreos eran desollados vivos, los más “afortunados” fueron llevados en humillación, lejos de sus hogares—exiliados a Nínive.

Lo mismo ya había sucedido a las 10 tribus del norte, y le pasaría pronto a Jerusalén. Casi todos murieron o fueron llevados cautivos. Eso es lo que se hacía en aquellos días … se hacían asentamientos forzosos para llevarlos lejos de sus deidades locales. Pero no sabían que se estaban metiendo con el único verdadero Dios que no era local. Él no era sólo el Dios de Canaan; era el Dios de Nínive, y también de Babilonia, el Dios de Kalamazoo, y de Portland.

Nuestro Exilio

Pero no nos equivoquemos. No importa cuáles sean nuestros problemas, 99 por ciento de los que lean esto no experimentarán nada que se pueda comparar a un exilio. En la mayoría de nuestras vidas nada nos da siquiera un atisbo del trastorno de las vidas de los exiliados. ¿Te sientes solo, angustiado, con demasiado peso o falto de peso, o sufriendo abusos verbales? ¿Tiene tu niño una aguja clavada en su brazo o tu esposa te engaña? Por favor no lo llames exilio. Exilio es cuando se te acaba todo, excepto la vida, y posiblemente una leve esperanza. Así que ¡Anímense, amigos! Es posible que tengamos problemas, ¡pero no estamos en el exilio!

Aunque yo me rehuso a minimizar la realidad de los que de hecho han sido removidos de sus lugares, sea por la Guerra, la escasez, la criminalidad o por desastres naturales, hay lecciones que podemos aprender de las experiencias de exilio de aquellos que lo sufren en una escala más pequeña.

Cuando nuestros problemas consisten en manchones desnudos y en fugas de las tuberías de nuestro sótano, nos olvidamos de dar gracias a Dios por el patio y por el drenaje. Pero cuando estás en una balsa en el Mediterráneo o en una escuálida colonia de chozas en Tijuana. “Nuestro Pan Diario” no es una lectura devocional, se trata del verdadero pan y una rebanada del mismo es razón para regocijarnos. ¿Cuándo fue la última vez que disfrutaste una rebanada de pan? ¿Sólo pan blanco? ¿Sin multigrano con granos de trigo, sólo de pan blanco? ¿O un vaso de agua? La gratitud por lo básico, pan y agua.

El exilio también nos habla de la historia más larga. Para sobrevivir, los exiliados deben poner su sufrimiento en el contexto de una historia más grande. Las cosas serían mejores si sobrevivimos a esta fase llena de lágrimas. Esta es otra manera de decir que los exiliados nos enseñan sobre la esperanza, por más leve que sea. No una esperanza en nosotros mismos o en partidos o líderes políticos, la verdadera esperanza del mundo siempre ha sido la misma, el Creador del mundo, el Señor Dios de los ejércitos. Jesús es Su nombre. Cuando la vida-como-la conocemos se nos va irremisiblemente, el exilio es un recordatorio de que Dios nos está contando una historia más grande de redención, no un drama de TV que se desenvuelve impecablemente en 22 minutos más el tiempo de comerciales. Nuestras vidas pueden no ser reparadas antes de nuestra muerte. Pero nuestra esperanza no es así de corta. Podemos ver nuestro hogar celestial sobre el horizonte de la muerte.

Y finalmente, todos los exilios son una advertencia. Puede que en este momento no seas un exiliado, pero puedes estar viendo señales de su desarrollo. Nuestras malas decisiones, o negativas, nuestras acciones equivocadas, nuestra obstinada negativa a la bondad de Dios al final nos llevarán a la humillación, la derrota y el exilio de Su bondad. Si no hay exilio aquí y ahora, el exilio está allí y en ese momento. Búscalo mientras puede ser hallado. Él es nuestro Hogar. Él es nuestra casa. Nunca podemos ser exiliados si lo hemos hecho a Él nuestro lugar de descanso. Ese hogar no se puede perder.

El Obispo David Roller sirvió como misionero en México por 17 años, y luego por 10 años como director de área de Latinoamérica para las Misiones Mundiales Metodistas Libres. Fue elegido por primera vez como obispo en 2007.

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